La paradoja de una cosecha abundante de manzana en Canatlán.

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Por Maestro Javier Reyes Solís

Los productores de manzana de Canatlán enfrentan un calvario cíclico: desde el frágil momento de la floración hasta el larguísimo periodo de desarrollo y maduración, cada etapa es una apuesta contra el destino. Tras años consecutivos de escasa producción —provocada por los embates del cambio climático, la falta de horas-frío y heladas tardías—, este año se perfila, por fin, como uno bueno. Sin embargo, luego de sortear con fortuna —hasta el momento— las inclemencias del clima, los fruticultores se aproximan al obstáculo definitivo, el más predecible de todos: la comercialización.

A pesar de ser un problema crónico, el productor sigue estando indefenso ante la voracidad del intermediarismo (conocido coloquialmente como “coyotaje”). Aquí se materializa la cruel paradoja local: sin cosecha no hay ingresos y con cosecha… tampoco. Lo alarmante es que, ante una inminente buena producción, ninguna organización campesina ni nivel de gobierno parece estar tomando las previsiones necesarias. La víspera de la cosecha se avecina y este debe ser un llamado a tiempo.

Resulta contradictorio que el gobierno municipal tenga entre sus deberes la organización de la tradicional “Feria de la Manzana” y que, en contraparte, no contemple auxilio alguno para la comercialización ni para el respaldo de esta actividad identitaria y económica todavía relevante del municipio.

Es pertinente cuestionar las prioridades de la administración: se tiene aprobada la contratación de un crédito para construir un “parque lineal” que, adicionalmente, fungirá como “recinto ferial”, mientras se ignora la seria amenaza de extinción, a mediano plazo, que pesa sobre las huertas de manzana. Cabe preguntar: sin manzana, ¿de qué será la feria? Antes de endeudar al Pueblo por obras que corren el riesgo de perder su razón de ser, una ocupación urgente es la de gestionar canales de comercialización justos. Hoy por hoy, ningún nivel de gobierno viene en auxilio del productor en el momento en que más lo requiere.

La principal razón por la que el fruticultor cede ante el intermediario y malbarata el trabajo de todo un año es la absoluta falta de alternativas. Históricamente, la refrigeración ha sido la única defensa de la región para proteger la fruta de las caídas estacionales del mercado. Sin embargo, para la mayoría, almacenar en frío tiene, entre otras de tipo cultural, las siguientes limitantes:

  • Incapacidad operativa y logística: El pequeño productor no cuenta con los medios para una maniobra de gran tamaño, la cual implica el acarreo de cajones pallet, la contratación y movilización de apartadoras, las jornadas de pisca y la compra de rejas.
  • Asfixia financiera: Carece de la liquidez necesaria para costear el resguardo de la fruta y esperar pacientemente a que el mercado se estabilice, obligándolo a vivir el día a día sin ingresos.

Ante este vacío de poder, el “comprador” llega con el capital listo para piscar, seleccionar y empacar, imponiendo precios a su entera conveniencia.

Es común escuchar que algunos grandes productores se lamenten de que los pequeños fruticultores generan una competencia desleal o abaratan el mercado, atribuyéndolo a un supuesto desconocimiento o falta de conciencia. Esa perspectiva es profundamente equivocada.

No se trata de ignorancia; el productor sabe perfectamente que está vendiendo incluso por debajo de sus costos de producción. No es falta de conciencia: son las reglas crueles del mercado, el impacto implacable de la oferta y la demanda, el abandono del modelo económico actual y, sobre todo, la canija necesidad unida a la total falta de opciones.

Si el productor recibiera un respaldo económico real y oportuno para solventar la compleja maniobra de cosecha y el resguardo en frío de su fruta, la historia de la región sería otra. Al contener la oferta durante el pico de la cosecha, el mercado naturalmente se estabilizaría. Esto permitiría al fruticultor defender el valor de su trabajo y sacar el máximo provecho a la única oportunidad de ingreso que tiene en todo el año.

Ahí es donde se requieren los subsidios, las acciones integrales y la visión de un gobierno que realmente busque dar certidumbre a la fruticultura canatlense.

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