# CONSIDERACIÓN INTEMPESTIVA 11

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# CONSIDERACIÓN INTEMPESTIVA 11

Mi vida es la historia de la autorrealización de lo Inconsciente.
Carl. G. Jung

La cuestión de la actividad creadora ha resultado siempre un tema interesante y complejo. Hube de andar en la sesentena para resolverme, despreocupado, a abordarlo de forma narrativa. De ningún modo de forma rigurosamente científica. En este tipo de asuntos, lo abstracto de la cuestión y la dificultades inherentes a su contenido y presentación siempre parecen sobrepasarnos. Pero por una cierta responsabilidad ética y moral es ineludible aspirar al mato grosso.
La llamada inspiración creadora tiene gradaciones. Proporciona algunas satisfacciones, pero entraña algunos peligros si desborda al yo. Al igual que de un estado psicológico de determinadas características puede surgir una imagen que resulte la génesis de una obra, una desordenada e incontrolable cascada de imágenes y emociones será la causa de una psicosis.
Es común y cotidiano – tanto que ya resulta inconsciente -, tener soluciones para los diversos problemas del día a día.
Una intención más elaborada de creación requiere de un impulso de la voluntad para realizarlo, es la llamada creación artística; requisito necesario es la perseverancia con el asunto, de forma grata o no. Pero se debe insistir: ” siempre caza palomitas cualquiera que anda cazando “.
Existete un fenómeno de irrupción vital incontrolable que denominamos inspiración y del que algunos artistas e intelectuales han dejado constancia. Recuerdo la descripción que de ella hace Nietzsche en su Ecce Hommo. Una presa con un vertedero controlado es algo benéfico para el campo; la destrucción de la barrera de contención con el consiguiente desbordamiento solo traerá destrucción y perjuicio.
Cuando se busca aproximarse a la creación, cualquiera sea ésta, se hace con precaución, sin ruido, ni conmoción. Las ideas son palomas. Si se les aproxima de forma ruidosa, levantan el vuelo y solo podrá alcanzarse a ver el trayecto de algunas de ellas. A la creatividad se la conquista con tímidos acercamientos, reiterados y constantes: si, exactamente como en el amor romántico. El hombre es un ser creativo por excelencia, de otra forma ya hubiese desaparecido o seguiría colgado de las ramas. Las ley fue, en su génesis, un sentimiento tan fuerte que hizo proferir un gemido inarticulado y gutural en nuestro antepasado y que hoy interpretamos como ¡ Justicia ! De la misma forma nacieron todas las grandes palabras…y las pequeñas, base y posterior desarrollo de una forma estructurada: el lenguaje.
La creatividad es producto de una condición básica, común y necesaria en todos nosotros.
Otra cosa es la inspiración. Se deberán tener precauciones con ella para evitar la inflación y llegar a creerse un nuevo Mesías o Napoleón. Aunque es una realidad experimentada en individuos de especial sensibilidad , no deja de ser un fenómeno psicológico delicado. Solo un palurdo se atrevería a negarlo. Pero a la inspiración no se la busca ni se la crea, es un producto metafísico o de la Naturaleza; no se la consige forzando las circunstancias – porque se pagaría un precio alto en tales casos -, ni haciendo pedazos la puerta para entrar a sus palacios. Ni siquiera se la invoca con seguros resultados a la manera de los antiguos:
” ¡ Habla musa, de aquel hombre astuto que erró largo tiempo después de destruir el alcázar sagrado de Troya ! ( Homero. La odisea )
Podemos buscar o esperar la llegada imprevista de cierto estado de ánimo que nos predisponga a elaborar algo. Una ocurrencia – en el sentido positivo del término -, un destello. Pero la verdadera y plena inspiración es algo incontrolable e inconcebible, de una aproximación descriptiva casi nula, prácticamente sin posibilidad de hacerla lenguaje en la mayoría de los casos: sólo un poeta podría intuirlo. Todo el peso del ser y de la vialidad se inclinan a un lado de la balanza, una intensidad donde se puede llorar de felicidad y hasta se puede extrañar la presencia de algún dolor que equilibre y compense ese estado psicológico. Cuando el místico habla de su experiencia de fundirse con Dios, está hablando de lo mismo o de algo muy parecido. La irrupción caprichosa de esta extraña es algo dionisíaco, demoníaco, irracional e incontrolable. Goethe , genial como era, la padeció, pero lo salvó su condición de persona equilibrada y convencional, de burgués satisfecho y hedonista, y la suya fue una obra fecunda. El querido Hölderlin en cambio, un alma sensible, frágil y visionaria, no apta para este mundo relleno de la sustancia mas grosera del universo: la materia, sucumbió ante las misteriosas fuerzas. Nietzsche fue su huésped frecuente y con su final pagó, no su genialidad, sino sus éxtasis. El monstruo llega sin anunciarse a capricho de desconocidos motivos, y cuando se retira, deja una desolación absoluta, una pérdida total de sentido y un vacío sin esperanza. Todo verdadero creador conoce esas lagunas vitales postreras a la obra. San Juan de la cruz la llamaba ” la noche oscura del alma ” . En el mas favorable estado deja un tipo de dulce y melancólica desesperanza, sin expectativa de futuros pero con todo el pasado condensado en el corazón.
No se adquiere, no se compra, las dioses la conceden con gratitud y generosidad, y lo más probable, juzgando humanamente: sin propósito ni intención. Exactamente de la manera que procede la Naturaleza y la vida misma: sin sentido dado de antemano ni con propósito ya definido – aún en su perfección -. He ahí, por cierto, lo significativo y valioso de un destino no determinado de antemano y de una vida que por sí misma no contiene una misión otorgada o impuesta: la libertad de darle el sentido que queramos, y si no queremos darle ninguno, será sencillamente una ” vida sin sentido “, con sus correspondientes consecuencias en todos los casos. Camus, Sartre o Kierkegaard lo pueden explicar de manera mas amplia, no es mi objetivo contribuir ahora con mis modestos esfuerzos . Solo una breve digresión. La idea del determinismo: el que todo tenga una finalidad otorgada de antemano por una instancia superior, o por el irrevocable pasado, o como consecuencia de la interminable cadena de causas y efectos – sin ningún libre albedrío de nuestra parte – siempre me ha parecido una idea-prisión. Un anhelo infantil de adjudicar a instancias metafísicas la responsabilidad y solución a los obstáculos y dificultades inherentes al existir mismo. La ergástula sombría de la que muchos traen la llave y entran por propia iniciativa. Una filosofía propia de esclavos.
La inspiración – cosa no tan deseable y que nadie se llame a engaño – se puede reconocer regalo de las musas como en la antigüedad, como bienaventuranza, o como visita del demonio. Es algo que por su naturaleza pertenece a los dioses, quizá sea éste su estado permanente; pero nosotros somos hombres, tierra que tomó conscencia de sí misma y del universo. No podemos caminar sobre el arcoiris. Debemos transitar la senda sobre la superficie: es nuestra condición y destino. Se llama madurez.
En la segunda mitad del siglo XX, impulsados por el espíritu de la época, hubo quienes quisieron incursionar en el misterio, por diversos motivos, cada cual tendría los suyos: ésta aventura tuvo algunos trágicos destinos. El inconsciente colectivo al que accedieron ayudados por alguna droga o planta sagrada, no es un espectáculo ni una diversión. Es un mundo autónomo, tan eterno como venerable y sagrado, radicalmente distinto de todo, aunque ese todo provenga de ahí. Buscaron respuestas pero en su lugar hallaron nuevas preguntas que se encontraban esperándolos. No pudiendo dar respuestas a este nuestro mundo mas o menos comprensible, adquirieron la responsabilidad de dar respuestas también a aquél. Con una curiosidad infantil, eludiendo su realidad cotidiana, sin ninguna responsabilidad moral. Muchos no resistieron la prueba. Todavía los vemos en las calles, tirados, sucios, barbudos: arriba, dice la gente. Desconocían que lo inconsciente quiere devenir consciente, ser representación, ser mundo. Toda realización práctica lograda a través de milenios, llegó de allá débilmente en forma de sueño o visión o con todo el impacto de una revelación: desde la rueda o la religión hasta el colisionador de partículas.
Por su parte Picasso afirmaba: si la inspiración llega, que me encuentre trabajando.
Que cada cual resuelva el acertijo que le plantea la esfinge. A estas cosas en la actualidad se las nombra con un lenguaje distinto, más psicológico, más científico. Pero los nuevos ropajes no cambian la esencia, las preguntas fundamentales siguen siendo las mismas, con diferente denominación o formulación. Preguntó un discípulo a su maestro ¿ Porqué antes era común que los hombres vieran a los dioses y ahora ya no es así ? El maestro contestó, porque hoy ya nadie puede humillarse tanto.

E. R.
09/ 2026

# Introducción

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