-Misioneros Jesuitas-

La rebelión Tepehuana también podría llamarse lucha por la libertad, y según el punto de vista de los protagonistas, los conquistadores también podrían ser considerados invasores.
Cansados de ser explotados y despojados de sus tierras, los indígenas empezaron a gestar la rebelión, no solo fueron los Tepehuanos, también los Acaxes y Xiximes de la región de Topia. El dia señalado para comenzar el exterminio fue el dia 21 de noviembre de 1616, pero debido al encendido deseo de venganza, los indios que habitaban la parte noroeste de la sierra de Durango no pudieron contenerse, y el dia 16 de noviembre dieron muerte a fray Hernando de Tovar en Santa Catarina de Tepehuanes.
Existia un líder Tepehuano, un hechizero que recorria la región desde Santiago Bayacora y el Tunal, hasta Tenerápa cerca de Santiago Papasquiaro y llegando hasta Guanasevi, incluso hasta tierras de los Acaxes y Xiximes en Topia, se dice que también a la región de los Coras en Nayarit. Predicaba libertad y exterminio para aplacar la ira de los verdaderos dioses , matar a todos los misioneros y españoles , de no hacerlo causarían plagas, enfermedades y hambruna en la región, prometiendo además la resurección en siete días a quien pereciera combatiendo a los invasores.
Se contaba del castigo recibido por Sebastian , un indio de Tenerápa y Justina de Santiago Papasquiaro, además de otro indio de Cacaria quienes habían sido tragados por la tierra en castigo por adorar al dios de la cruz.
Se prepararon para 21 de noviembre, dia de la fiesta de presentación de la bendita Virgen Maria, sabiendo que todos los españoles atenderían la misa dejando desatendidos los pueblos y minas, para atacar a la vez en todos esos lugares, sabían que irían desarmados.
El diablo desato su furia en iglesias, frailes, imágenes y todo lo que representaba a Dios. Los indios de Santa Catarina de Tepehuanes , quienes eran los mas fieros y rebeldes se adelantaron cinco días, cuando un arriero llego a la población con ropa y suplementos para las minas de la región, al mismo tiempo llegaba fray Hernando de Tovar procedente de la Villa de Culiacan, su pueblo natal, pasando también por San Andres. Aprovechando la ocasión para robar al arriero y dar muerte al misionero empezaron la masacre, rodeando al cura y su acompañante, quien a toda prisa monto en su mula tratando a su vez de ayudar Fray Hernando, quien al verse rodeado dijo “Si la hora a llegado, aceptemos lo que el Señor nos envia ”. los enfurecidos Tepehuanos lo atacaron con flechas diciendo: “ Veamos si dios resucita a este hombre que dice ser santo”. Mientras rezaba fue atravezado por una lanza. El español que acompañaba al cura escapo a caballo llegando a Atotonilco donde ya estaban reunidos todos. Habían sido advertidos por los padres de Santiago Papasquiaro del inicio de la rebelión, llegando a ese pueblo el Franciscano Pedro Gutierrez siendo un total de 200 personas.
Ese mismo dia llegaron los atacantes de Tepehuanes con gran furia, atacando la casa donde se refugiaban con flechas, piedras y fuego, ademas antorchas con chile a través de las ventanas, derribando puertas. Los españoles que tenían muy poca pólvora y escasas armas para detenerlos, subieron al techo para defenderse pero al terminárseles la pólvora decidieron rendirse, los indios no aceptaron la rendición y masacraron a todos, hombres mujeres y niños. Fray Pedro Gutierrez salió rezando con un crucifijo en sus manos pero inmediatamente fue muerto, un indigena adolecente llamado Pedro Ignacio recogio el crucufijo y murió como un mártir predicando la palabra, había aceptado el santo bautizo de la fe cristiana. Los dos que escaparon fueron Lucas Benitez quien se escondio en un hoyo en la tierra, el otro fue Cristobal Martinez de Hurdaide, hijo de un capitán de Sinaloa y que había pasado mucho tiempo entre los Tepehuanos, valiéndose de su amistad con un joven indígena a quien suplico protección, este joven a pesar del temor a sus compañeros tomo a Cristobal diciendo que lo llevaría al rio para ahogarlo, al contrario lo escondio hasta que llego la noche dándole la oportunidad de escapar. Estas dos personas viajaron 27 leguas de noche, alejados de los caminos hasta llegar a Durango y dar aviso. Otros se refugiaron en Guatimapé donde fueron atacados por los indígenas que ya se dirigían a la capital de la Nueva Vizcaya con si impetuoso deseo de exterminio.
Por la gracia de Dios fueron salvados cuando todo parecía perdido, ya que usando barras de acero perforaron una de las paredes de la habitación donde se encontraban cuando ya estaban a punto de derribar la puerta, los atacantes se habían apoderado de las cabalgaduras que estaban en el corral, pero siendo esta una rancheria donde criaban caballos, algunos de estos que pastaban en las cercanías al escuchar el tremendo alboroto causado por los atacantes, huyeron en manada por el Camino Real causando tal polvareda, que pensaron los rebeldes que eran soldados que acudían en apoyo de sus compatriotas, y levantando el sitio huyeron rumbo a la sierra.
Los indios concentraron toda su furia en Santiago Papasquiaro, la mas grande e importante población de la región. Los religiosos a cargo eran los padres Bernardo de Cisneros y Diego de Orozco quienes al saber que los Tepehuanos planeaban la rebelión trataron de prevenirse con ayuda de 3 de los principales caciques que eran fieles a la religión, uno de ellos llamado don Francisco Campos. Los tres acudieron a una rancheria cercana para proponer la paz, siendo atacados al instante muriendo dos de ellos, el tercero logro huir y dar aviso en Santiago Papasquiaro. Esto sucedió el dia quince de noviembre, un dia antes que el padre Hernando de Tovar fuera asesinado en Santa Catarina de Tepehuanes. El dia anterior habían llegado dos indios que no estaban entre los conspiradores aconsejando al alcalde mayor de Santiago Papasquiaro que preparara la defensa, el teniente ordeno que mujeres y niños tomaran refugio en la iglesia y el curato que estaban construidas de piedra. Recibieron noticias que doscientos Tepehuanos se acercaban a pie y a caballo. Evadiendo la vigilancia lograron enviar un mensajero que arribo a la ciudad de Durango el dia 17 de noviembre. El gobernador ordeno abrir la caja reál, distribuyendo pólvora, arcabuces, cotas de malla y espadas, componiéndose el pequeño ejercito de unos 26 españoles y su servidumbre, poniendose bajo las ordenes del capitán Martin de Olivas. Mientras se dirigían a Santiago Papasquiaro recibieron noticias que dos curas y el total de los refugiados dentro de la iglesia habían sido exterminados, tomando la decisión de retroceder a un lugar donde pudieran defenderse mejor.
La destrucción de Santiago Papasquiaro había iniciado con el incendio de la puerta de la iglesia, que los españoles habían tratado de extinguir mientras miraban como una imagen de Nuestra Señora era azotada sin misericordia, después de ser sacada de una capilla que estaba cerca de la iglesia. Con impotencia miraron como una gran cruz que estaba en la plaza de la población era arrastrada y destrozada. Para continuar con la herejia, sacaron de la misma capilla dos artefactos donde se colocaba la imagen de la virgen durante las procesiones , poniendo en su lugar dos mujeres que eran aplaudidas mientras desfilaban en un acto de sacrilegio.
El viernes 18 llegaron refuerzos de los tepehuanos, eran los mismo que habían dado muerte a fray Hernando de Tovar formando un ejercito de alrededor de quinientos indios ,con renovado vigor continuaron las destrucción quemando todas las casas de la población.
Un indio llamado Manuel que había servido a uno de los españoles refugiados en la iglesia, se acerco gritando que el y sus compañeros eran indios convertidos a la religión cristiana, que querían restaurar la amistad y paz con los Españoles si estos se rendian y entregaban las armas. Considerando que no tenían mas opción debido al fuego que ya los rodeaba y la superioridad del enemigo decidieron negociar. Mas les hubiera valido perecer entre el fuego que sufrir las atrocidades que con ellos cometieron, la promesa del perdón fue falsa por parte de los astutos rebeldes. Finalmente salieron de la iglesia con el padre Diego de Orozco al frente y con la custodia en sus manos, el alcalde mayor Juan de Castilla llevando la imagen de Nuestra Señora seguido por el resto. Al ver la custodia los perversos indios se arrodillaron, pero viendo que algunos españoles aun tenían algunos arcabuces los obligaron a entregarlos, estos comprendieron que sin pólvora era inútil conservarlos. Al llegar al cementerio el padre Orozco empezó a predicar como padre amoroso, con las tiernas palabras de misionero y pastor de almas. Fue entonces que se desato el infierno y la furia contenida y planeada por el líder hechizero, arrebatando la custodia de manos del padre la estrellaron contra el piso blasfemando, arrancando partes de la imagen de Nuestra Señora que los españoles llevaban en sus manos, finalmente mataron a todos incluyendo mujeres y niños que para entonces serian solo un centenar. Entre dos indios tomaron al padre Diego de Orozco de las manos formando la cruz y un tercero partio su cuerpo en dos con un hacha. Dieron muerte también al padre Bernardo de Ceniceros, atravesandolo con una lanza y un golpe en la cabeza quien murió al instante. Solo tres adultos y tres niños sobrevivieron escondidos en el confesionario sin ser descubiertos. Los sobrevivientes llegaron a La Sauceda donde estaba el capitán Martin de Olivas esperando provisiones y refuerzos que llegaron de Durango, también el capitán Gordejuela y un buen numero de soldados. El enemigo bien reforzado con hombres a pie y a caballo atacaron al menos cuatro veces, pero fueron repelidos por fuego de arcabuces y obligados a retirarse sufriendo algunas bajas. Saliendo el capitán Olivas en su persecución recupero algunos ornamentos de la iglesia, asi como algún ganado que habían robado los rebeldes, matando algunos lideres y quemando sus rancherías regresaron a la Sauceda. En las cercanías de este pueblo se dio la llamada Batalla de Cacaria contra alrededor de ochocientos Tepehuanos hasta casi exterminarlos, aunque en algunas crónicas se exagera el numero hasta cerca de veinticinco mil indígenas.
El mismo dia del ataque a Santiago Papasquiaro, otro grupo rebelde ataco la rancheria de El Zape que tenia el nombre de San Ignacio, ahi se encontraban encargados de la doctrina los venerables padres Juan Fonte como padre superior, Juan del valle, Luis de Alavéz y Geronimo de Moranta. Además de ellos murieron mas de diecinueve Españoles y mas de sesenta negros y otros de sus sirvientes, algunos de ellos llegados del mineral de Guanaseví para ayudar con la instalación de la imagen de Nuestra Señora que habían traído de la ciudad de Mexico. Ocurrió que estando todos congregados fueron atacados con furia inaudita por los indios, asesinando a todos con los actos mas crueles, destruyendo y profanando todo lo sagrado. Ahí murieron los padres Juan del Valle y Luis de Alavéz, mientras que los padres Juan Fonte y Geronimo de Moranta fallecieron al siguiente dia , ya que llegaban retrasados a la celebración y una media legua antes de llegar al pueblo fueron masacrados, sin perdonar al padre Fonte que durante dieciséis años después de la fundación de la misión había procurado grandes beneficios para su rebaño. Solo un joven pudo escapar y dar aviso a los pobladores de Guanaseví, donde el alcalde mayor se preparo para la defensa, su nombre era don Juan de Alvear.
Cuando los padres que servían en El Zape supieron que el padre Hernando de Santarén, quien evangelizaba a los Xiximes en la vecina región de Topia pasaría por ahí en camino a Durango lo invitaron a participar en la festividad de la Santa Virgen. Antes de emprender el viaje trataron de avisarle respecto al descontento entre los Tepehuanos, fueron varios los enviados por parte del padre Andres Tutino para ponerlo sobre aviso, pero ninguno pudo darle el recado, estaba destinado a la muerte gloriosa.
Cuando el padre Santarén llego al pueblo Tepehuano llamado Tenerápa pidió que repicaran las campanas llamando a misa, al acercarse a la iglesia descubrió que estaba desierta y vandalizada, el altar partido en pedazos y las imágenes derribadas y desfiguradas. El padre monto en su mula para seguir su camino a Durango, pero los espias del pueblo lo atacaron en un arroyo derribándolo de su montura, golpeándolo en la cabeza mientras lo insultaban, el padre que conocia su lenguaje preguntaba que daño les había causado, contestándole que no necesitaban otra razón, simplemente el hecho de ser padre, mientras seguían golpeándolo invoco este santo varón el dulce nombre de Jesus y ahí termino su jornada.
Quiso dios que otro Jesuita se salvara de ser martirizado como sus ocho hermanos en Cristo, ya que poco después de los trágicos eventos de El Zape, le llego aviso al padre Andres Lopez de la sublevación de los indios cuando ya se aprestaba a partir, este padre residia en el asentamiento llamado Inde.
Aunque la rebelión continuo hasta el año de 1618, esta es a grandes rasgos la crónica de lo acontecido en la región Tepehuana del noroeste de la sierra de Durango.
Causada acaso por tanta injusticia sufrida por los pobladores que por años fueron amos y señores de esas tierras, en libertad y de acuerdo a sus ancestrales costumbres.
AURELIO DE SANTIAGO JURADO



