LAS NOVATADAS Y EL PORRISMO SON EXACTAMENTE LO MISMO

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José René Rivas Ontiveros.
En días pasados se estuvo comentando tanto en diferentes medios impresos, locales y nacionales, como en las redes sociales, sobre la llamada semana de la inducción o de prueba que, desde hace ya algún tiempo, al inicio de cada ciclo escolar, se les aplica a los jóvenes aspirantes a cursar la carrera magisterial en algunas Escuelas Normales Rurales que existen en el país y en las que indistintamente participantes como internos jóvenes del sexo masculino y otras, las menos, estudiantes del sexo femenino.
Dentro de la llamada Semana de la inducción se aplican por lo menos cinco grandes ejes, a saber: el académico, el cultural, el deportivo, el campesino y el político. Sin embargo, en este escrito yo quiero referirme específicamente al último de estos ejes, esto es, al político ya que es dentro de este eje en el que, algunos estudiantes veteranos, esto es, que cursan sus estudios en el mismo plantel pero en semestres o años superiores, llevan a cabo las célebres novatadas mismas que son consideradas como una especie de ritual con el que los alumnos de nuevo ingreso inician su vida escolar y que por lo general, casi siempre derivan en agresiones físicas, humillaciones y graves abusos.
Desde hace ya varias años que en las Escuelas Normales Rurales persiste la falsa idea de que por medio de estas acciones, es decir las novatadas llevadas a cabo durante las semana de inducción por parte de los comités estudiantiles de las respectivas escuelas y los que a su vez forman parte orgánica de Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), tendrán como resultado la creación de cuadros estudiantiles con una conciencia política revolucionaria al tiempo que también servirán para medir la lealtad y la disciplina de dichos alumnos.
Entre las acciones que comúnmente son instrumentadas por dichos comités estudiantiles con el fin de lograr aquellos objetivos, son entre otras las siguientes:
1. Las pruebas físicas. Consistentes en la obligación de los aspirantes a realizar diariamente cientos de sentadillos, prologadas carreras o posturas corporales desgastantes.
2. Trabajos forzados y otras actividades. Consistentes en la realización bajo constantes amenazas de pesados trabajos agrícolas, intensas jornadas de limpieza y largas caminatas.
3. Privación de necesidades básicas. Consistentes en el impedimento para que los jóvenes duerman, se alimenten o beban agua.
4. Presión psicológica. Consistentes en materialización por medio de constantes insultos, intimidación, gritos y el absoluto control de todos movimientos y comunicaciones del aspirante.
5. Castigos físicos. Consistentes en la implementación de golpes directos en el cuerpo del aspirante utilizándose diversos instrumentos como son palos, navajas y hasta armas de fuego.
6. Otras acciones. Obligación del aspirante a ingerir alimentos descompuestos o en mal estado.
En síntesis, durante la llamada semana de la inducción, los jóvenes de nuevo ingreso están prácticamente obligados a realizar todas o algunas de estas acciones y es por eso que quedan expuestos a sufrir una sistemática ridiculización, vejación, humillación, degradación y hasta la muerte, y en el caso de negarse a realizar las acciones que se les indiquen, el respectivo comité estudiantil tiene la facultad de negarles el acceso a la escuela normal en donde el joven aspirante pretende inscribirse para cursar la carrera magisterial.
En las instituciones de educación superior de México y sobre las de carácter púbico y asistencial como es el caso de las Normales Rurales, las novatadas han sido una ineludible tradición que data desde los años veinte del siglo pasado. Aunque cabe aclarar que si comparamos el tipo de novatadas que aquí se practicaron entre los años veinte y hasta antes del golpe a las Normales Rurales del verano de 1969 y las que se aplican ahora durante la semana de la inducción que en diversas escuelas dejan a jóvenes heridos, frustrados y hasta muertos, las de entonces eran acciones demasiado light, de risa, verdaderos juegos de niños instrumentadas por jóvenes amantes del relajo y de la chunga, mientras que las novatadas de ahora son acciones de miedo, de frustración y hasta de muerte, ideadas y ejecutadas por mentes enfermizas, perversas, por no decir que por verdaderos delincuentes que nada tienen de izquierda ni de revolucionarios.
Para ejemplificar las novatadas de aquel entonces que mejor que hacerlo con mi propias experiencias de cuando fui alumno de primer ingreso en dos instituciones de enseñanza superior. La primera de estas fue la que viví durante todo 1963, fecha en la que ingresé y cursé el primer año de secundaria en Normal Rural “J. Guadalupe. Aguilera”, Durango, En esta ocasión, a todos mis compañeros de primer ingreso, alrededor de 50, nos pelaron a rapa y, por eso, durante todo el año quedamos plenamente identificados como los “novatos” o los “pelones” como también éramos conocidos, condición con la que prácticamente se nos obligaba a quedar al servicio de diversos compañeros de grados superiores para realizarles la actividad que a ellos se les ocurriera. Otras modalidades de novatadas eran por un lado el de las continuas visitas nocturnas al dormitorio de nosotros los novatos por parte diversos grupos de malosos con espíritu porril con el deseo de divertirse a nuestras costillas. Así, una vez que arribaban al dormitorio lo primero que hacían era despertarnos y levantarnos de la cama para formar parejas de compañeros en las cuales uno de nosotros estaba obligado a fungir como hombre y el otro como supuesta mujer, para luego ponernos a bailar por largo rato al son de la música de algún radio de transistores que ellos llevaban consigo especialmente para ello. En otras ocasiones esos mismos malosos nos obligaban a arrastrar una moneda con la lengua en el piso. De tal manera que mientras que nosotros sufríamos para cumplirles todos sus caprichos, ellos se divertían y reían a carcajadas.
Por su parte, mi segunda y última experiencia de novatadas fue la que viví a principios de febrero de 1968 una vez que fui aceptado como alumno de la Preparatoria Núm. 3 de la UNAM localizada entonces en el que durante el tiempo de la Colonia fue el famoso Colegio de San Idelfonso, mismo que se encontraba y aún se encuentra en el centro de la Ciudad de México, a tres cuadras del Zócalo y de Palacio Nacional. En aquella fecha, antes de que se iniciaran formalmente las clases en toda la UNAM se me ocurrió ir conocer la escuela por dentro. Empero, apenas estuve dentro de esta dos sujetos que después supe que eran miembros de la porra de la Preparatoria me detuvieron tras sospechar que yo era un alumno de nuevo ingreso. De inmediato sacaron unas tijeras con las que luego se abalanzaron sobre mi cabellera a la que dejaron totalmente trasquilada. En otros planteles de la UNAM como la Facultad de Arquitectura, los novatos eran pintarrajeados y después formados y luego paseados por las calles que circundan la Ciudad Universitaria.
Además de la UNAM, las novatadas también se realizaban en muchas otras instituciones educativas de dentro y fuera de la capital mexicana, como por ejemplo en la Universidad Juárez del Estado de Durango. En todas estas instituciones, las novatadas más comunes eran las del clásico rapamiento de los de los alumnos de nuevo ingreso y muy rara vez por medio de acciones más violentas como las que se realizan ahora.
Aunque hay que destacar que no obstante lo light de aquel tipo de novatadas nunca dejaron de ser acciones humillantes y denigrantes para los jóvenes de nuevo ingreso que las sufrían y fue por esto y muchas otras razones que cuando en la Ciudad de México estalló el Movimiento Estudiantil de 1968 y que todas las escuelas paralizadas conformamos el legendario e histórico Consejo Nacional de Huelga, uno de los primeros acuerdos del pleno de delegados de dicho órgano, además de la elaboración del pliego petitorio de los seis puntos, fue la de desaparecer todo tipo de símbolos que en las escuelas habían surgido y desarrollado durante todos los años de gobiernos priistas, tal y como lo eran entre algunos otros las antiguas sociedades de alumnos, las federaciones estudiantiles, los grupos porriles, la elección de reinas de la belleza y/o de la simpatía en las escuelas y, sobre todo, la estricta prohibición de que en lo sucesivo siguieran existiendo las novatadas.
Todavía lo recuerdo perfectamente como si esa sesión hubiese tenido lugar el día de ayer, cómo fue votado por unanimidad aquel acuerdo en el que no hubo absolutamente nadie que defendiera o argumentara para que dichos símbolos siguieran existiendo en las escuelas. Es por ello que se explica el por qué en la UNAM, el Politécnico, la Benemérita Universidad autónoma de Puebla, la Universidad de Sinaloa y etcétera, etcétera, desde aquel entonces ya no existan la gran mayoría de estos símbolos. En el mismo tenor, recuerdo que ese día, en el pleno del CNH se encontraban Rubén Rocha Moya, entonces secretario general de la FECSM que aglutinaba a 27 de las 29 Escuelas Normales Rurales del país, así como Adolfo Lozano Pérez “Fito” que venía de la Normal Rural de Tamatán, Tamaulipas y a quien yo conocía muy bien ya que entre 1966 y principios de 1967, en la Normal Rural de Aguilera, ambos habíamos formado parte del Comité Ejecutivo de la Sociedad de Alumnos. Luego se cambió de Aguilera a Tamatán y yo me vine a la UNAM.
Por todas estas y muchas otras razones, hoy en día no se explica y mucho menos se justifica el por qué una organización estudiantil de izquierda como lo es y siempre lo ha sido la FECSM, reivindique, haga suyos e instrumente prácticas de la ultraderecha, tal y como lo son, siempre lo han sido y lo serán las tristemente célebres novatadas muy similares a las acciones porriles porque son exactamente lo mismo. Es por esto que se debe de seguir pugnando por erradicar totalmente de las escuelas y más específicamente de las gloriosas Normales Rurales estas nefastas, repugnantes y vergonzantes prácticas porriles.
Nota del editor.- Damos la bienvenida al canatlense distinguido, Dr. José René Rivas Ontiveros, Investigador de tiempo completo de la UNAM a este espacio también canaatlense y regional.
Bienvenido a su casa, amigo René.

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