” Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor. Tal es la gloria, Guillén, de los que escriben cantares: oír decir a la gente que no los ha escrito nadie.Procura tu que tus coplas vayan al pueblo a parar, aunque dejen de ser tuyas para ser de los demás. Que, al fundir el corazón en el alma popular, lo que se pierde de nombre se gana de eternidad.
( Manuel Machado. La copla )
Si, don Manuel Machado – su hermano -, no don Antonio.
Cuando se llegue a no ser conocido por nadie su nombre; pero sí, su obra, ser recordada, sentida, amada ; escuché por ahí que los poetas no deberían firmar nunca sus poemas y dejarlos sobre la banca de un parque, a la vera de un camino, en alguna cuesta arriba, bajo una piedra. No ha de faltar quien se allegue a ese papelito como dejado a propósito y lea la copla, la sufra, la goce, la llore. Y un día, la repita, a alguien que ama o a alguien que ya se fue, que ya no está con él. Ahí está la gloria de lo anónimo.
Todos podemos cortar un árbol y hacerlo trozos, que convertidos en fuego servirán para procurar calor a la humilde vivienda y proporcionarán felicidad al abrigo del abrazo familiar a los chiquitines de casa, a los diablillos del hogar. Pero no llegaremos más allá, sólo el carpintero o el ebanista harán algo que no tendrá más razón de ser que dar belleza, solaz y luz en medio de todas las desdichas sembradas en este valle de lágrimas; por el que cada cual pasa a su manera, unos cargando su cruz y con desconfianza mutua, cuidándose las espaldas y sonriendo amablemente- con máscara – a los demás, en fingida actitud de despreocupación y falso desparpajo, mientras otros van con ansiedad y el corazón encogido, caminando y ya cansados y sin disimulo hacia su tumba, temiendo no llegar nunca. Una vez ahí avientan a un lado el aborrecible símbolo y se precipitan gozosos, por iniciativa propia, sin rituales ni formalismos, que para morir lo mismo da. El héroe muere solo, pero nunca en soledad.
Otros, como José Alfredo, tararearán una melodía que los va a alegrar y a sontener ( por aquello de que: ” el pobre que anda sin copla por esta vida prestada, más que pobre es un fantasma y más que fantasma, es nada ), pero tampoco llegarán más allá porque no cuentan con el recurso del conocimiento musical para obsequiarnos con música o canción.
El joven imberbe Brian Axel, digno representante de la generación z , y que adolece aún de la experiencia necesaria para eludir en lo posible el desprecio público y familiar; de esos tipos que exigen el trato de todes y que tiene la insolente y constante ocurrencia de crear memes graciosísimos, pero que tampoco llegará más allá de esos cuatro o cinco miserables renglones, que para su desgracia, sí lo convertirán – con seguridad lo afirmo -, desde ese momento y para siempre en motivo de constante escarnio público, de oprobio de su decepcionada familia, y por qué no decirlo de una buena vez, de sus futuros nietos y bisnietos que pulularán la Tierra y avanzarán en grupos de quince o veinte a campo traviesa, defecando alegremente al aire libre. O deambularán por las calles desiertas de cualquier ciudad en medio de fuertes vientos y tolvaneras polvorientas que se arremolinan sobre ellos trayendo y llevando pedazos de heces, basura y papeles entre los que se confunden: en contra de aquella vieja sentencia patriarcal que afirma que hasta la basura se separa, y a la que nosotros agregamos ” en botes, en orgánica e inorgánica ” ( queda la duda de dónde irá el chicle de yerbabuena o el elote que trae polvo del chilito que no pica ). Así mismo, y para no soltar todavia al detestable mequetrefe del Brian Axel, queda decir que por su actitud irrespetuosa ante el noble arte de la escritura cuneiforme de los sumerios, será objeto del rechazo y la vergüenza de su maestro de español ( un abrazo hasta el cielo a la maestra Esperanza, mi inolvidable maestra de español, en secu ) . Hasta aquí mi perorata contra el Brian. Si tiene la mala fortuna de que me lo encuentre en conocida región manzanera, ya veremos hasta dónde puede llegar el instinto de agresividad que dicen nos es innato y común a todos los seres humanos, exceptuando al Brian, por supuesto.
Alguien podrá tener nobles y exaltados sentimientos que hagan de él una persona agradable y y de gentil trato. Quizá harán de él un buen padre y un buen esposo. Pero tampoco irá más allá si no cuenta con la herramienta expresiva necesaria y que ya no sabe uno si es producto de lecturas, conversaciones, ayuda del demonio, cuestión congénita, ADN, herencia, brujería, o todo eso junto. Talento hay, sólo hay que apoyarlo, dicen algunos limitados que recurren a los lugares comúnes del lenguaje cotidiano creyendo sinceramente que han dicho algo de gran importancia y profundidad. Y de reojo miran en torno con la inconfesada esperanza de que algún alto funcionario de la Secretaría de Cultura ( si aún existe ) los escuche por azar, y que impresionado, le proponga encabezar un proyecto de programa del cual será el lider y que impulsará las artes en nuestro país al nivel que se alcanzó en la Grecia clásica; claro que el no sabe ni por qué rumbo queda Grecia, pero no importa, astuto como es, acude a otro lugar común: ” lo importante es la intención ” dice. Frasecillas y actitudes dignas de algún vacío e insustancial cajero de banco – muerto en vida – cuya única esperanza y alegría se reducen a esperar y ( en esa espera se le va la vida ) esperar la quincena, navidad o sus vacaciones anuales de doce días más domingos que se atraviesen, o de plano su ya triste y patético fin en tumba olvidada; de cruz rota, descuidada y sin flores, custodiado y protegido sólo por viejas ratas semi calvas de abdómenes inflamados que recorren el cementerio y que, hambrientas, se destrozan entre ellas para no perder la costumbre. O de un espécimen del bien representado gremio burocrático, de aquellos que deben su condición actual al hecho de haber gritado hace dos mil años ¡ Liberen a Barrabás ! Y que entre otras cosas fueron motivo del derrumbamienro del bloque soviético ( no pudiendo achacarles participación activa en el holocausto – salvo a Eichmann – algo había de adjudicarles )
Y para terminar retomándola contra el espinillento y subnormal tipejo al que antes me referí, Brian Axel o algo así, me queda únicamente decirle una cosa: tu libertad se reduce a elegir que aplicación abrir en la pantalla y si tu café macchiato de Starbucks deberá llevar leche light o deslactosada. Jamás te atreverías a pedirlo con leche bronca.
E. R.
09/2026







