La dicotomía entre la verdad y la mentira: mentiras verdaderas y la construcción social de la realidad en el entramado del Derecho de las audiencias.
D. en P. José Oscar Frías Ortega.
Los Mexicanos y la humanidad en general va en busca de la verdad, y esta ha ocupado un lugar central en la historia de la filosofía. Hoy la sociedad va en busca de la verdad y significa afirmar que algo es verdadero. Pero la mentira ha sido considerada una amenaza para la convivencia, la moral y el conocimiento.
Esto no tendría ningún problema, si en lugar de politizarla entre los Chairos y los Fifís o entre los humanistas y los Ultra derechista, esto debería ser una distinción sencilla: la verdad corresponde con los hechos y la mentira los distorsiona. Pero la política y la experiencia humana demuestra que la relación entre ambas categorías es considerablemente más compleja. Solo me atreveré a comentar que una ficción literaria puede ser falsa como acontecimiento histórico y, al mismo tiempo, expresar una verdad sobre la condición humana. Las promesas de la política pueden no cumplirse y, sin embargo, movilizar millones de personas y un rumor puede ser falso y producir consecuencias económicas o sociales reales. Y en tiempos de la tecnología una imagen fotográfica puede ser manipulada puede representar un acontecimiento inexistente y provocar una reacción colectiva auténtica.
Dicho esto, en democracia y en los gobiernos y en la sociedad el problema no es una verdad o una mentira, sino el uso faccioso de estas dos palabras: es decir y preguntarse ¿Cómo puede una falsedad producir efectos verdaderos?; ¿Puede una mentira expresar una verdad?; ¿Puede una verdad convertirse en una forma de engaño? o ¿Quién determina qué debe considerarse verdadero? Esta y otras preguntas hoy están adquiriendo una relevancia importante, porque pareciera ser que el gobierno quiere ser el dueño de la verdad y decirles a las audiencias que es la verdad o la mentira, no se en tiempos de la expansión de las redes sociales, la inteligencia artificial generativa, la comunicación algorítmica y la denominada posverdad.
Esta colaboración pretende analizar el concepto de mentiras verdaderas como categoría filosófica para comprender la relación entre lenguaje, verdad, poder y realidad social. Donde cada persona o la audiencia o el lector comprenda una mentira puede ser factual y seguir siendo falsa, pero socialmente eficaz; es decir, puede producir consecuencias reales en la sociedad, pero no se convierte por ello en verdad.
Pero más preocupante es que la verdad socialmente tiene que estar fundamentada, comprobada y si produce incomodidades sociales, debe ocultarse para evitar molestias sociales o al gobierno en turno. Las sociedades contemporáneas requieren una concepción crítica de la verdad que reconozca la existencia de interpretaciones, narrativas y construcciones sociales sin abandonar la posibilidad de distinguir entre hechos, opiniones, ficciones y manipulaciones esto es decir yo lector, radio escucha, televidente determino y tengo el derecho de ver, leer y escuchar lo que se me dé la regalada gana.
Hoy nadie tiene ni idea de la cantidad de mentiras existentes en una sociedad, sino realizar un análisis conceptual de las relaciones entre verdad, falsedad, lenguaje, poder y realidad. Todo esta fundamentado en la interpretación de cada persona y a partir de esta reconstrucción conceptual se propone una interpretación contemporánea del fenómeno de las “mentiras verdaderas”.
Para la sociedad lo mas trivial es afirmar de lo que es que es, y de lo que no es que no es. Así si una mentira, desde este punto de vista, supone una ruptura entre el lenguaje y aquello que efectivamente ocurre. Pero toda sociedad justifica que cuando existe esta, la puede justificar asegurando que no es lo mismo mentir que equivocarse y una persona o un gobierno puede afirmar algo falso porque desconoce los hechos. En ese caso existe error, pero no necesariamente engaño. así socialmente justificamos a la mentira y le damos una dimensión intencional.
Pero como buena sociedad hemos creado una serie de justificaciones científicas de la mentira y así existe: el error involuntario; la ficción; la metáfora; la interpretación; la propaganda; la manipulación y la mentira deliberada. Dicho lo anterior las sociedades deben evitar confundir estas categorías ya que produce una comprensión reduccionista del problema.
Es importante entonces comprender que una novela no pretende engañar al lector haciéndole creer que sus personajes existieron necesariamente y así su verdad pertenece a otro nivel. Pero una propaganda política, en cambio, puede utilizar información falsa con la intención de modificar el comportamiento de los ciudadanos, de esta manera la diferencia no está solamente en la falsedad del contenido, sino en la función que cumple el discurso. El problema contemporáneo no consiste únicamente en la existencia de información falsa, sino en la capacidad de determinados sistemas de comunicación para producir condiciones de credibilidad. Es decir, Las sociedades no solamente viven dentro de realidades; también viven dentro de interpretaciones de la realidad. En estos tiempos no solo basta preguntar “¿Qué es verdadero?” sino además preguntarnos ¿Quién posee la autoridad para definir aquello que una sociedad acepta como verdadero?” un filosofo llamado Foucault estudió los mecanismos mediante los cuales las sociedades producen discursos legítimos y establecen criterios de normalidad, conocimiento y verdad. Donde establece que la verdad no circula en un vacío social. Sino que está relacionada a instituciones, universidades, gobiernos, medios de comunicación, sistemas jurídicos, organizaciones científicas y múltiples mecanismos de legitimación. Así que la verdad no es simplemente una invención del poder. Se tiene que fundamentar en el significado, de tener acceso a ella, circulación y legitimación de determinadas afirmaciones están condicionados por estructuras sociales. Una afirmación política puede adquirir enorme difusión debido a la posición de quien la pronuncia.
Dicho lo anterior solo queda afirmar que la mentira tradicional supone que existe una realidad que alguien intenta ocultar o distorsionar. La mentira deja de necesitar convencer mediante argumentos; puede funcionar simplemente porque confirma una identidad. Y gracias a las redes sociales circula libremente en su contenido, puede provocar indignación, miedo o entusiasmo posee una capacidad especial para captar atención. Podemos asegurar que cuanto más falsa puede ser una afirmación, mayor puede ser su capacidad para producir consecuencias reales si logra movilizar emociones colectivas. Así una mentira verdadera es una construcción discursiva que resulta falsa respecto de los hechos que pretende describir, pero que posee capacidad para expresar, simbolizar o producir una realidad psicológica, social, política o cultural efectiva. Una mentira puede provocar una consecuencia verdadera sin convertirse por ello en conocimiento verdadero.
En esta época de la inteligencia artificial tenemos una crisis de la verdad, asegurando que la expansión de la inteligencia artificial generativa que hace posible producir textos, imágenes, voces y videos artificiales con un nivel de realismo que dificulta distinguir entre representación y acontecimiento. Solo recuerde los deepfakes constituyen un ejemplo especialmente problemático capaz de hacer que una persona puede aparecer aparentemente diciendo algo que nunca dijo. La imagen parece demostrar un hecho, aunque el hecho nunca haya ocurrido, todo está en relación entre percepción y verdad se vuelve particularmente frágil.
Durante siglos, la imagen fotográfica fue considerada una evidencia relativamente poderosa de la existencia de un acontecimiento, con la inteligencia artificial altera esa relación, lo que nos dice que ahora una imagen puede ser visualmente convincente y factual¬mente falsa. Y yo me pregunto ¿Podemos confiar en aquello que vemos? La respuesta es se debe ser más prudente.
Ver ya no equivale necesariamente a verificar. No se requiere reglamentar sino la alfabetización digital y filosófica se convierten en condiciones fundamentales de ciudadanía.
La respuesta a las “mentiras verdaderas” no puede consistir únicamente en censurar información.
Una sociedad democrática necesita ciudadanos capaces de analizarla. La educación debe desarrollar competencias para: distinguir hechos de opiniones; identificar fuentes; evaluar evidencias; reconocer falacias; identificar intereses; comprender contextos; contrastar información; reconocer sesgos cognitivos; cuestionar afirmaciones aparentemente evidentes. hoy los ciudadanos debemos ser capaces y libres de pensar críticamente es también enseñar a resistir la manipulación.
La sociedad de hoy esta en la lucha de dimensionar que, debido a las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial, el problema ya no consiste únicamente en determinar quién miente. Sino entender y comprender que mecanismos hacen que una mentira resulte creíble, quién obtiene beneficios de ella y qué consecuencias produce.
Hoy reconocer la dimensión construida de determinados discursos no significa aceptar que todas las afirmaciones poseen el mismo valor. Entender que la existencia de interpretaciones diferentes no elimina la existencia de hechos y que la pluralidad de perspectivas no significa que la verdad sea irrelevante. Esto hace más difícil conocer la verdad, pero no implica que debamos abandonar su búsqueda. Sino por el contrario, cuanto más compleja se vuelve la producción de información, mayor es la responsabilidad de desarrollar una cultura crítica.
Y quizá la pregunta fundamental frente a las “mentiras verdaderas” sea ésta: ¿Qué estamos dispuestos a creer cuando una mentira confirma aquello que deseamos que sea verdad? Y aquí no vayamos a los actos democráticos, ni a las mayorías sino valoremos la cuestión ética y política ya que la sociedad que pierde la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso no pierde únicamente información, sino que pierde también parte de su capacidad para decidir libremente.






