El amor de un perro

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El amor de un perro
Hace un par de días, acudí a la sede de la imprenta La Impresora, en la ciudad de Durango, a recoger el más reciente de los trabajos realizados y al llegar a la puerta, me encontré a un perro echado a un costado, en la banqueta.

Nada raro, porque los canes son los animales domésticos que más se hacen presente en la vida cotidiana urbana.
Luego de un par de toquidos, una persona acudió y abrió, lo que aprovechó de inmediato el perro para ingresar, raudo y veloz entró a buscar a un joven que se encontraba trabajando en el interior.

Al ser un espacio laboral que tiene estrictas y puntuales medidas sanitarias y laborales que cumplir, el animal fue sacado por el joven perseguido por éste, abrazado a su cuerpo y regresado a la banqueta.
– Qué perro tan cariñoso tiene-, comentó quien escribe.
No señor, el perro no es mío, pero desde el día de ayer me lo encontré en la calle y me vino acompañando hasta aquí, donde permaneció hasta mi salida, respondió el joven.
En el transcurso de mi estancia en el agradable lugar, donde se respira tinta y papel, el can ingresó una vez más, entrando veloz a buscar a su amigo para estar a su lado.

Sin lugar a duda un sentimiento hermoso el mostrado por esta especie de canis familiaris y también la manera tan comedida en que el joven sacaba al animal del lugar.

Una bonita historia.

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