Aquellas tiendas de Canatlán
¿Te acuerdas de aquellas tiendas, del Canatlán de principios y mediados del siglo pasados…?
Así se tituló un modesto reportaje publicado en El Sol de Durango, sección ESTADO en la década de los noventas, por quien esto escribe, el cual sigue vigente, en un Canatlán del año 2020 con un comercio muy activo, quizá golpeado un poco por la pandemia del SARS-CoV (en inglés: severe acute respiratory syndrome coronavirus, traducido como coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave), que en Canatlán vive su momento más intenso al momento de redactarse la presente obra, diciembre del año 2020.
Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo, incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso, reza una frase de Baltasar Graciano.
En ese contexto, al buscar dar un vistazo al Canatlán de las décadas medianas del siglo pasado no se puede dejar de recordar a un sector que ha sido puntal para el avance de su sociedad: El comercial.
En la década de los años 30’s, el pueblo de Canatlán, cabecera del municipio del mismo nombre contaba con un modelo de tienda donde lo mismo se conseguía abarrote, ropa y calzado, así como aquello que la gente requería para producir sus tierras agrícolas.
Una de esas tiendas era La Ciudad de México, propiedad de Doña Pilar Ruiz viuda de Herrera; ubicada en la esquina de las calles que actualmente llevan el nombre de Guerrero y Mariano Escobedo, sitio en el cual la tienda permaneció durante muchos años.
Además, Doña Pilar tuvo también otra tienda muy visitada y próspera, ubicada por la hoy calle Lerdo de Tejada, esquina con Ortiz de Zárate, donde actualmente vive la familia González Huerta.
Con el tiempo, La Ciudad de México pasó a ser propiedad del señor Porfirio Soria, quien también tenía en propiedad otra tienda de abarrote, La Perla de los Llanos, que estaba en la esquina de las calles actuales Aldama y Zaragoza.
Años después, La Ciudad de México fue adquirida por Don Emiliano Vázquez Herrera, quien dueño de varias negociaciones, dejó como gerente a Don Joaquín Quiñones, quien transcurrido varios años la compró. A su fallecimiento, la negociación fue atendida por Doña Carmelita Jiménez viuda de Quiñones, quien la atendió durante varios años más; esta tienda cerró sus puertas a mediados de la década de los 60’s.
Los habitantes del Canatlán de los 30’s recordarán aún aquella tienda de abarrotes El Naranjo, propiedad de Don Antonio Galarza, quien junto con su esposa Doña Amelia atendía las ventas, en el centro comercial del pueblo. Esta tienda se ubicaba en la esquina de las calles Guerrero y Aldama, donde actualmente se encuentra una zapatería.
Ese mismo centro comercial comprendía las tiendas de ropa, propiedad de Don Manuel Bugdud, en la esquina de las calles Guerrero y Morelos, donde se encuentra actualmente la matriz de la Mueblería Marcel y también estaba la tienda e Don Eduardo Flores, por la calle Morelos e Hidalgo, junto al actual Mercado Morelos.
Pero si de calzado se trataba, estaba la famosa tienda La Bota Negra, propiedad del Señor Agustín Tabares; era la tienda más apropiada para surtirse de calzado variado.
En la esquina de las calles Aldama y Guerrero estaba la Ferretería propiedad de Don Ángel Pescador, mientras que por la calle Morelos, Don Emiliano Campos tenía su tienda de abarrotes y algo más.
En el mismo centro comercial del poblado, Don Jesús Gutiérrez Vázquez atendía su botica en la esquina sureste de las calles Hidalgo y Aldama, frente al ya inexistente Cine MIR, propiedad de Don Manuel I. Rodríguez, de cuyas siglas venía el nombre del cine, quien además, era propietario de la tienda ferretera El Reynero y de la Botica Monterrey, que reflejaba el origen de su ascendencia; en esta última, don Héctor Reyes era el farmacéutico responsable; ambas tiendas estaban frente al Mercado Morelos, en su cara poniente.
Décadas antes, frente al Jardín Juárez se alzaba la tienda de Don Luis Bernal, donde hoy se levanta moderna Ferretera, en la esquina de las calles Guerrero y Cuauhtémoc, la cual atendía don Luis y sus hermanos.
A la entrada oriente de la ciudad estaba una tienda de abarrote que perduró por muchos años en la memoria de sus habitantes, era La Puerta del Sol, propiedad de Don Luis Flores, en la década de los años 30’s. Años después, la familia Martell Mahacing reabrió sus puertas.
Otra tienda muy recordada fue la que atendió durante muchos años su propietario Don Miguel Arreola, en un edificio de su propiedad, en la esquina de las calles Guerrero y Aldama, donde muchos años después se abrió la sucursal de Banamex, también ya en el recuerdo de los canatlenses y actualmente está una negociación de ropa y electrodomésticos.
Otra tienda muy conocida poco después de la mitad de siglo fue la de Don Eduardo Montes, en la esquina noreste de la manzana donde actualmente está el mercado Morelos y está una ferretería propiedad de Javier Velázquez Valenzuela. Por años, la tienda la atendieron sus hijos Juan, Francisca, Concha y Raymundo.
Don Eduardo también era propietario de una vecindad ubicada en calle Juárez, esquina con Ferrocarril poniente
No puede dejar de mencionarse la tienda de Los Fernández, propiedad de Don Ramón Fernández, que se ubicaba sobre la acera sur de la calle Morelos, entre Morelos y Aldama, a escasos metros del mercado Morelos; en este lugar se encuentran actualmente tiendas dedicadas a la venta de ropa.
En la tienda de don Ramón también laboraba su hermano Vicente, conocido de manera cariñosa como “Don Chinturris ”, de quien se contaban anécdotas sabrosas y blancas ya que al parecer era algo enojón.
Ayer como hoy, la sociedad requería de espacios para una diversión sana y qué mejor que en El Casino, propiedad de Don Manuel I. Rodríguez, ubicado por la calle Hidalgo, a un costado del antiguo y ya desaparecido Cine MIR.
Estaban también los salones Cleopatra, propiedad de Don Tiburcio Meza, ubicado por la calle Lerdo de Tejada, frente al Jardín Juárez, casi contra esquina del templo parroquial de San Diego de Canatlán, éste era el nombre anterior de la parroquia.
También estaba el Salón Carta Blanca, marca de una famosa cerveza, que tenía como distribuidor a su propietario, Don Antonio Canaán Yazbek.
Cómo dejar de mencionar los molinos de Don Tomás Arreola y sus hermanos, quienes también eran dueños de la planta de energía eléctrica existente, así como los molinos de Don Luis del Campo y Don Julián Morales.
Ahora bien, si de un buen traje ó pantalón se trataba, nada mejor que la sastrería de don Hilario Orozco, quien fue toda una escuela en esta rama de la producción, de la cual salieron sastres muy conocidos en la región.
Además, Don Hilario fue propulsor y creador de la famosa Orquesta de los Hermanos Orozco.
Tomado del libro Relatos, Personajes e Historias de Canatlán (2021). Autor Marco Antonio Rodríguez Ruiz




