ACUARELA POTOSINA

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Con afecto para mis amigos y ex compañeros del OOAPVR
CRÓNICAS DEL AGUA
Yo soy de San Luis Potosí
Y es mi barrio San Miguelito
Pepe Guizar

ACUARELA POTOSINA
Esa madrugada, el autobús de pasajeros, ronroneaba por las sombrías y solitarias calles de la ciudad de San Luis Potosí…las deterioradas bardas de un viejo panteón le daban un toque de misterio a la noche…las antiguas paredes de las majestuosas iglesias lucían un color oscuro, como si sus canteras quisieran revelar la historia de la ciudad, que contrastaban con el alegre colorido de los letreros luminosos en los Hoteles Cactus y Arizona…más allá se veía el hotel María Cristina, cerca de la Alameda, en un rato más pasaría cerca del molino de viento y de los cabalgantes manchegos Sancho y Don Quijote, para seguir su marcha al sur, más allá de los rebozos de Santa María del Río….El San Luis Potosí que honraba a un Rey de Francia y a la región del Potosí en Bolivia, la tierra del Libertador de América, el General Simón Bolívar…El San Luis Potosí del profesor de Coxcatlán Carlos Jongitud Barrios, del Cacique de Palomas Saturnino Cedillo, del Alazán Tostado Gonzalo N. Santos, del Doctor Nava, de Julián y Nabor Carrillo, y hasta del temible pistolero Mano Negra, Agustín Ojeda…El San Luis Potosí donde se quedó grabado en Ahualulco el Sonido Trece de Julián Carrillo.
En Gogorrón la tierra es generosa y el agua abundante, el majestuoso Valle de San Francisco es vigilado desde el poniente por el Peñón de Bernalejo, a 2,500 metros de altura, en la llamada Sierra Negra o Sierra el Bernalejo, salpicado por pinturas rupestres, su mirada a veces se torna triste por el recuerdo de la cruenta batalla en la que fueron sometidos los Huachichiles, en este lugar tan maravilloso de la Sierra de San Miguelito.
-Ingeniero, somos del barrio de San Cristóbal, tenemos tres meses sin agua potable, ya nos quedamos sin dinero por tanta pipa que tenemos que comprar semana tras semana, venimos buscando una solución…
En aquel Octubre, las miradas de las mujeres, los niños y algunos hombres revelaban las penurias por las que habían pasado para obtener unas gotas de agua en el día a día…
En la huasteca potosina, el sol caía a plomo, la población resentía los embates de los 40 grados centígrados que asolaban la región en esa época del año, en El Gargaleote, con paso firme y la mirada fija, el torvo sujeto cuya presencia transmitía temor a quien lo miraba, con prisa se dirigía al despacho de uno de los hombres más siniestros y poderosos del México postrevolucionario, Gonzalo N. Santos; todos sabían que cuando el Mano Negra se dirigía a ese despacho habría familias enlutadas, víctimas de los tres hierros, el destierro, el encierro o entierro, que algunas viudas tendrían que entregar las tierras que el cacique ambicionara y sus maridos no quisieron vender: “Dejaré que tu viuda decida si me vende”.
El autobús había detenido su marcha en la antigua Salinas del Peñón Blanco, para que los cansados viajeros tomaran agua y alimentos, la ciudad que fundara en 1569 Juan de Tolosa, al pie del Peñón, famosa por las explotaciones comerciales de Sal, donde una vez, agobiado por la derrota del Puente de Calderón, arribó el Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla, en su ruta hacia Texas.
Las avecillas volaron rumbo a Palomas, donde cada año, algunos de los revolucionarios de la vieja guardia, rinden honores a su jefe, el General Saturnino Cedillo, no olvidan que siendo Secretario de Agricultura, a pesar de haber lidiado combates en la Revolución y en la Guerra Cristera, no supo manejar la revuelta de los estudiantes de la Escuela Nacional de Agricultura, por lo que el Presidente de la República, el General Lázaro Cárdenas del Río, aprovechando la coyuntura para finiquitar sus desencuentros, le envió un telegrama, cuyo contenido le congeló la sangre en las venas:
“Agradezco su trabajo frente a la Secretaria de Agricultura”
No bastaron la visita y las súplicas de su ahijado favorito, el famoso Pollo Gilberto Flores Muñoz, quien fuera después Gobernador de Nayarit y Secretario de Agricultura, para evitar que se levantara en armas contra el Gobierno con fatales consecuencias, su destino estaba marcado esa madrugada del 11 de Enero de 1939 en la sierra de la ventana, en el marco donde se gestaba la Segunda Guerra Mundial, y la zona petrolera del Golfo de México, una vez más se había convertido en un lugar de codicia y traición.
Años después, al oriente de la Gran Tenochtitlán, sobre las aguas del lago de Texcoco llamado con justicia Nabor Carrillo, en las noches tranquilas bajo la luna de Octubre, algunos noctámbulos juran haber escuchado las notas musicales del Sonido Trece, compuestas por el padre de Nabor, Don Julián Carrillo, traídas por los vientos otoñales desde Ahualulco, mezcladas con los sonidos fantasmales de aviones que pretenden aterrizar en un fallido aeropuerto que yace bajo sus aguas, mezcladas con los suelos salinos del lugar.
El Gargaleote pasó a dominio del Estado, fue expropiado sin necesidad de disparar una sola bala, en contraste con las balas que su dueño, Gonzalo N. Santos enviaba en finos sobres de blanco papel para amenazar a sus enemigos, entre ellos al famoso Mimo de México, Mario Moreno, cuyo error fue ganarle una carrera de caballos, representando a su Rancho El Detalle.
Las tierras fueron cedidas a la Universidad Autónoma Chapingo, aquella escuela que provocó la caída de su maestro Cedillo, aquella escuela que fuera el hogar temporal de Cantinflas; el resto de las tierras fueron entregadas a campesinos de la región, quienes a veces sienten la presencia de las víctimas de ahorcamiento en el palo bendito, y los espíritus de quienes fueron presas del tercer hierro: el entierro.
El autobús sigue su marcha, los primeros rayos del Quinto Sol lo encontraran en la Calzada Vallejo, en la misma ruta que siguieron las siete tribus para llegar al Valle de México…
Las sonrisas vuelven poco a poco a dibujarse en los rostros de los niños de San Cristóbal, cristalinas gotas de vida suben con entusiasmo al depósito de concreto armado del Cerro de la Cruz, el sol matutino al atravesar las gotas despliega los colores del arcoíris, San Cristóbal vuelve a la vida…desde el Poniente, en la sierra de Bernalejo, el Picacho sigue con su tarea de vigilar el Valle de San Francisco…

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