TEOCENTRISMO Y ANTROPOCENTRISMO

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Dios fue desplazado por su creación; el hombre lo será por la suya. No hay favor que no se cobre ni deuda que no se pague.
En los primeros siglos de nuestra era, hasta el año 313 en que el emperador romano Constantino el Grande decretó la legalidad del cristianismo con la consecuente libertad de culto, éste era perseguido como una secta pagana. La leyenda dice que el emperador, la víspera de una batalla tuvo un sueño o visión donde se le apareció una cruz brillante sobre el sol con la leyenda ” con este signo vencerás ” y lo tomó como un presagio favorable. Los estandartes de guerra y los escudos de los soldados fueron impresos con la cruz. El emperador ganó la batalla y se convirtió al cristianismo, siendo bautizado poco antes de su muerte en 337 d.c. Años después, en el 380 d.c. fue declarado religión oficial del imperio. Quedaron relegados y proscritos los antiguos cultos. Durante los tiempos de persecución, los cristianos que no renegaban de su fe, eran enviados al circo para ser devorados por las fieras, crucificados, convertidos en antorchas humanas o desterrados, según fuera su condición social. Hollywood, para dar drama a sus filmes presenta tristes y famélicos hombres temerosos, temblando y llorando en silencio en los sótanos, por el fin terrible que les aguardaba. Nada más lejos de la verdad histórica – en su acepción positiva-. Los cristianos destinados a la muerte, unidos fraternalmente, contentos: cantaban. Estaban a unos pasos del martirio y de su recompensa celestial, de su ingreso al reino de Dios. Ese ejemplo de entereza y valor hizo que muchos habitantes del imperio consideraran adoptar la nueva religión. Esa actitud heróica ante la muerte, prueba, desde luego, únicamente la fuerza de una convicción, de ninguna manera es una demostración de su verdad. Desde entonces y durante mil trescientos años, la Iglesia Católica con su cosmovisión de un Dios único y absoluto, hizo de éste el eje central de la vida y del universo en occidente: el teocentrismo.
Si a alguno de aquellos hombres le hubieran dicho: la buena nueva, los valores y principios de esta religión que tú practicas y el Dios al que veneras, algún día serán motivo de prédica a nivel mundial, la mitad de la tierra conocerá el mensaje de tu Dios ¿ Como crees que será el mundo después de 2000 años de evangelización ? El seguramente respondería: ¡ Será un paraíso !
Pero el verbo no se hizo carne: el mensaje quedó, en el mejor de los casos, entendido. Quedó como palabras, como conceptos o como cualquier otra sabiduría aprendida. No se hizo actitud generalizada, acto cotidiano común y constante. No se convirtio en hechos en el mundo: salvo excepciones, insuficientes, aisladas.
Donde unos ven hermosas cualidades, como una enorme nariz, un selecto grupo de inconformes solo ve horribles defectos. Es la perspectiva, el punto de encaje de don Juan Matus, el viejo chamán; guía y maestro de Carlos castaneda. El primero, representante de la antigua sabiduría de los pueblos yaquis; Castaneda, estudiante de antropología. Eran los años 60’s y posteriores, y como bien lo señaló el Dr. Jacobo Grinberg, fue una época privilegiada porque la sabiduría, las prácticas y los textos orientales considerados esotéricos hicieron irrupción de forma masiva en occidente y estuvieron al alcance del gran público. El espíritu de la profundidad formó y delineó los nuevo paradigmas politicos, sociales y culturales que habrían de definir el rumbo de los nuevos tiempos. La idea de un Dios justo y protector de su creación, que fue consuelo y esperanza durante los primeros siglos de cristianismo y posteriormente durante la Edad Media ( ss. V – XV ), fue perdiendo su influjo benéficio y curativo de almas, realizado por mediación del credo, dogmas y doctrina de la Iglesia Católica. Muchos fueron los factores y acontecimientos que contribuyeron a la entronización del hombre como centro y brújula del nuevo rumbo: Dios, desplazado y su lugar ocupado por el establecimiento de una visión antropocéntrica del mundo: Dios, sustituido por su creación, la cima y punto culminante: el hombre. Creado a imagen y semejanza, poseedor de razón y con libre albedrío. Acontecimientos ocurridos en esa época, como la caída del imperio romano de oriente, la invención de la imprenta, el encuentro de dos mundos, la revolución copernicana, la reforma protestante y el advenimiento del humanismo y del renacimiento, fueron determinantes para la nueva cosmovisión. La reforma protestante impulsada por Martin Lutero, con sus 95 tesis que fueron colocadas a las puertas de la iglesia de Wittenberg y en las que manifestaba su rechazo a la pérdida del espíritu original de los valores cristianos y, por otra parte, de los valores materialistas que habían ido corroyendo a la Iglesia católica durante siglos; situación que se evidenciaba en la venta de indulgencias y objetos fetiche entre los devotos, en un claro beneficio de su ignorancia y actitud piadosa, una práctica generalizada en toda Europa en ese momento histórico, no privativa sólo de Alemania, país donde nació la reforma protestante.
El invento y desarrollo moderno de la imprenta, que permitió la difusión masiva de textos, descentralizando el conocimiento de los monasterios, abadías y universidades.
El encuentro de Europa y América, con el consecuente desmoronamiento de la idea del pretendido origen único y privilegiado de la humanidad en el jardín del Edén. La evidencia de que el género humano era una condición natural y generalizada en la tierra. La comprobación copernicana de que la Tierra no es el centro del universo, sino solo un planeta más girando en torno al sol. En contradicción rotunda con la postura de la Iglesia católica y eruditos medievales.
El renacimiento italiano con su regreso al arte y la filosofía grecolatina por gentes como Pico della Mirandola y Marcilio Ficino.
El humanismo, con su personificación en la figura de Erasmo de Rotterdam, Nicolás de Cusa y Petrarca. Con una contribución decisiva de los textos griegos que eruditos bizantinos llevaron a Italia a la caída del Imperio romano de oriente.
El paso gradual y lento del teocentrismo al antropocentrismo, ahora, cinco siglos después, puede parecer un movimiento importante para aquella época y nada más. Pero hoy sería de tal impacto como si se difundiera la noticia confirmada por los distintos gobiernos, de que , efectivamente, hay razas extraterrestres: algo similar. Consecuencias inmediatas: caos económico y financiero, la incredulidad del homo religiosus, quizá alguna epidemia de alteraciones psicológicas, tal vez suicidios masivos. No todos estarían preparados para una noticia de ese tipo. En aquel tiempo, que una corriente de pensamiento de esta trascendencia y magnitud fuese difundida y conocida sin poder oponerse ya ninguna censura por los poderes interesados, fue algo que cimbró todo lo que el hombre tenía como una verdad eterna e inmutable y que le proporcionaba una seguridad existencial de la que estamos privados hoy día: ” la tierra es el centro de todo y todo gira y se mueve en torno a ella; y hay un Dios que nos quiere y nos protege, porque somos descendientes de nuestros primeros padres, que fueron creados por Él “. Ese fue durante siglos el sentir fundamental en la vida cotidiana,en el campo y las ciudades: cómo no vivir en esa convicción con tranquilidad y seguridad interna, aunque se careciese de otras cosas materiales que el progreso traería en el futuro al costo de la pérdida de esa inocencia.
El Hombre es un ser con necesidad metafísica. Dotado de una dimensión espiritual y una apertura natural hacia lo sagrado. Reprimido este aspecto sobreviene inevitablemente un desequilibrio.
El mito tiene una función psicológica sanadora. Se perdió el mito y se perdió la savia del árbol divino que daba consuelo y tranquilidad a las almas. El hombre empezaba así a encontrarse solo. La imagen y permanencia de Dios, con toda su carga afectiva y energética, que se había proyectado inconscientemente en el cielo durante siglos, se retiró y pasó a ocupar el lugar de nacimiento que siempre tuvo: la psique humana. A partir de entonces el individuo occidental ha tenido que empezar a arreglárselas consigo mismo, con la consecuente neurosis que provoca la inseguridad e incertidumbre frente a un mundo hostil. Toda la energía psíquica que estaba proyectada en el más lejano firmamento se replegó al interior mismo del hombre: no es acontecimiento nimio… Si alguna vez fuimos cristianos sin saberlo, hoy, además, somos existencialistas – hombres responsables de sí mismos -, también sin saberlo. Responsables de nuestros actos y decisiones y sabiendo que tendremos que afrontar las consecuencias, favorables o no. Sin esperar ya el apoyo o solución a través de leyes universales ni de divinas asistencias.
E. R.
09/2026

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