Mentira Infamante, consecuencias.

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Por Enrique Ruiz.

Ante el lamentable incidente ocurrido en días
pasados en que segó su vida un joven profesor y que no es un acto privativo de tiempos recientes, se imponen algunas reflexiones y un
análisis que difícilmente podrán no estar teñidos de alguna emoción.
El suceso toca fibras sensibles y se impone la
responsabilidad social y moral de fatigar brevemente la pluma. Para esta incipiente empresa he contado
con el aliento insistente y cariñoso de mis hijas Lilia y Mony, de las invaluables enseñanzas del Sr. Ch. P. y de la oportunidad generosa de mi primo Marco Antonio. Si se hace con facilidad o dificultades, lo mismo da. Si el resultado es afortunado por la comprensión del benévolo lector, magnífico. En caso contrario, tengo cuatro buenas excusas. Primera: ni Pitágoras, ni Sócrates, ni Jesús escribieron nada – comparación hecha guardando las insalvables distancias, por supuesto –, el Maestro solo trazó en una ocasión algunas líneas en el suelo de las que no tenemos registro histórico del contenido y que pueden dar lugar a un innúmero de interpretaciones. Segunda: no me considero escritor profesional. Siempre preferí leer, ocupación ésta que resulta más civilizada según aseveración de J. L. Borges. Tercera: ejerzo mi libertad de expresión. Y cuarta: mi hija Lilia también es profesora universitaria y los hechos ocurridos me tocan de forma más personal.
Hechas las aclaraciones pertinentes retomemos el penoso tema que nos ocupa. Es muy difícil permanecer impasible ante una injusticia de esta índole: imparcialidad realista, si; insensibilidad ante el dolor ajeno, no.
Con excepción de algún psicópata social o de algún alucín trasnochado, cualquier persona con sus facultades cognitivas intactas y una naturaleza humana sin grave deterioro podría señalar con justicia: ¿ Porqué tomar esa decisión de forma que incluso podríamos calificar de precipitada ? Una alta autoestima, una baja autoestima, un alto sentido del honor, la adjudicación de una relevante importancia a su imagen familiar, profesional o social, hipersensibilidad ante la opinión pública en general ? El problema es arduo, complicado. La psique humana en general es complicada, profunda, insondable. Un examen más exhaustivo del hecho requeriría conocer mas a fondo la trayectoria vital del profesor. Sin embargo esto no debe ser óbice para considerar algunas posibilidades. Quizá alguno de los motivos referidos con anterioridad – u otros-, por supuesto, causó que el profesor tomara la fatal decisión. Ya no podremos saberlo; desconozco si hay alguna nota o carta con la explicación pertinente. El hecho está consumado. Y quedarán personas desamparadas, muy probablemente hijos y esposa. La pena y la tristeza permearán un hogar durante mucho tiempo, quizá para siempre, a pesar del consenso popular de que el tiempo lo cura todo. Podemos imaginar que quizá aún tenía abuelos y unos padres orgullosos q hicieron todos los sacrificios necesarios para que su hijo terminara sus estudios y se dedicara a la docencia. No sabemos en que condiciones habrá llevado a cabo sus estudios, las carencias y dificultades inherentes de todo tipo que en general tenemos que afrontar para terminar nuestro carrera.
Por otra parte lo más sencillo sería atribuir a la estudiante la responsabilidad total de las trágicas consecuencias de su infame mentira.
Pero dónde queda la moral inculcada en casa, la exposición recurrente de contenido en medios, que da lugar, en parte, a este tipo de actitudes infantiloides realizadas sin medir las consecuencias. La permisibilidad social y el hecho de alentar involuntariamente este tipo de comportamientos en aras de hacer valer los derechos individuales de estos jóvenes. Dicho lo anterior sin menoscabo de dichos derechos. No nos vayamos a ver expuestos a una denuncia de tipo civil, o peor aún, a una denuncia penal por parte de la frágil y quebradiza generación X o comunidades q pudieran resultarle solidarias.
Afirmaba Camus q la pregunta y el afán fundamental de la filosofía es responder si vale la pena vivir esta vida, sin sentido otorgado, y en la cual de pronto nos encontramos inmersos: “ nunca vi morir a nadie por el argumento ontológico “, escribió.
En El Mito de Sísifo se declaran razones que van inoculando la decisión de terminar con la vida propia. Alguien perdió un ser querido hace años, Camus presenta el ej. de un hijo, y hace notar que el paso del tiempo hace imperceptible el deterioro emocional q avanza y que desencadenará los acontecimientos incluso muchos años después.
La sociedad, el sistema político, la tradición, las nuevas tecnologías, pueden ser adjudicadas con ésta responsabilidad. Pero todos, la sociedad en general, no estamos completamente exentos. ¡ Todos ¡ O sea, por desgracia, nadie. Es el “ Uno “ como sujeto anónimo y colectivo en el pensamiento de Heidegger. “ todos tenían la culpa, pero nadie era culpable, porque todos son ninguno, y ninguno siempre es nadie “, decía por su parte el cantor.
Sea este un sencillo, respetuoso y sentido homenaje a todos los mártires de la infamia y la injusticia en cualquiera de sus formas.
Sin idealismo utópico o con el, emprendamos la cruzada y hagamos cada cual su parte, desde su trinchera y con los medios a su alcance.
E.R.
08/2026

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