José Oscar Frías Ortega
Nos mexicanos debemos entender que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que entró en vigor el 1 de julio de 2020, representó una modernización necesaria del TLCAN, pero introdujo elementos de incertidumbre calculada. Eso debe de preocuparnos en el futuro económico nacional ya que uno de los mecanismos más debatidos es el establecido en el Artículo 34.7, conocido informalmente como la cláusula de extinción. Esta disposición determina que el acuerdo tiene una vigencia inicial de 16 años, sujeta a una revisión conjunta en el sexto año (2026). Que es la revisión que se realiza en estos días, la revisión de 2026 es un punto de inflexión crítico. Si los tres países acuerdan renovar el tratado, su vigencia se extenderá por otro periodo de 16 años. Sin embargo, si al menos una de las partes se niega a la extensión, se activará un mecanismo de revisiones anuales durante los 10 años restantes de la vigencia original. Este periodo de una década, a menudo catalogado como el reto de los 10 años representaría una etapa de prolongada incertidumbre para los inversionistas, cadenas de suministro y mercados financieros que según el experto Villarreal, 2025), más que de retos es la incertidumbre total, de un Estados Unidos que exige mucho más cada vez y un México y Canadá, a la zozobra económica por caprichos económicos de un país, con muchas necesidades de recobrar el control económico que ha perdido en este tiempo.
De tal forma que el Mecanismo de Revisión es un generador de ¿Incertidumbre o Adaptabilidad? desde la perspectiva de la teoría de las relaciones internacionales, la cláusula de revisión del T-MEC es una espada de doble filo. Por un lado, dota al tratado de una adaptabilidad sin precedentes, permitiendo a los Estados ajustar las reglas comerciales frente a crisis imprevistas, como pandemias o disrupciones tecnológicas. Por otro lado, institucionaliza la incertidumbre. El comercio internacional requiere de marcos normativos predecibles a largo plazo, especialmente para inversiones de capital intensivo como son la manufactura automotriz o los semiconductores. Podemos establecer que el reto de los 10 años con revisión anual, en caso de una falta de consenso en 2026, transformaría el T-MEC en un foro de negociación permanente, sujeto a los ciclos electorales y presiones políticas internas de cada país, en lugar de ser un andamiaje legal
estable. Solo es cuestión de entender las presiones de Estados Unidos elecciones en Noviembre 2026, las presiones de México con elecciones en Junio 2027. Será dos largos años de un proceso que no generara ninguna economía, si entendemos que estamos en 7 años de crecimiento cero en México, esto no es el mejor augurio.
Esta es la razón de comprender los Puntos Críticos de Fricción de este 2026, por eso este panorama político y económico hacia la revisión de 2026 está marcado por diversas disputas no resueltas que podrían ser utilizadas como apalancamiento por cualquiera de las partes. Y entender que, en primer lugar, la interpretación de las reglas de origen en el sector automotriz sigue siendo un tema de fricción, a pesar de los fallos de paneles arbitrales. Estados Unidos ha mantenido una postura proteccionista para asegurar que el mayor valor agregado provenga de su territorio. Un segundo lugar, son llamada política energética de México y las disputas agrícolas
(especialmente en torno al maíz transgénico) han generado molestias significativas en Washington y Ottawa. Estas disputas, aunque canalizadas institucionalmente a través de los mecanismos de solución de controversias del tratado y faltaría agregar el desorden de los últimos años en el Sector Ganadero mexicano, que por razones de omisión permitió la reaparición de nueva cuenta de Gusano barrenador, que por impericia y permicidad ya llego a los Estados unidos, estos factores minan la confianza política necesaria para una extensión expedita del acuerdo y como punto final debemos de entender el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida (MLRR) ha sido utilizado activamente por Estados Unidos para democratizar los sindicatos en México, hecho que está muy lejos de siquiera acercarse a elecciones sindicales limpias. Si bien ha mejorado las condiciones de ciertos grupos de trabajadores, también ha generado acusaciones de asimetría y uso proteccionista del mecanismo.
Además, deberemos de agregar el Factor China y el Nearshoring, como el elemento no explícito en el tratado, pero central en la política exterior estadounidense, es la contención de China. La revisión de 2026 indudablemente incluirá un escrutinio sobre la inversión extranjera directa china en México y Canadá. Para los Legisladores estadounidenses han expresado su preocupación de que China utilice a México como una plataforma de triangulación para exportar bienes a Estados
Unidos aprovechando los aranceles preferenciales del T-MEC, especialmente en la industria de vehículos eléctricos y acero. Y la preocupación es válida, muchos países gracias al T-Mec, hacen acuerdos comerciales con México, China nos ha invadido de productos, los europeos ven la entrada natural a este mercado. Es una preocupación real. México ya enfrenta cierres de comercios nacionales fuera de mercado, en una economía tan abierta.
En conclusión, La revisión del T-MEC en 2026 no será una simple ratificación diplomática, se ha convertido en un campo de batalla comercial donde las asimetrías económicas, los intereses políticos y el cambiante orden geopolítico global aseguran que el proceso será contencioso; donde es un reto el evitar caer en el reto de los 10 años, donde las revisiones anuales requerirán de un capital político significativo y de compromisos profundos por parte de los tres gobiernos. Si bien la interdependencia económica hace impensable una ruptura total, la posibilidad de vivir bajo la sombra de la incertidumbre regulatoria anual hasta 2036 es un escenario plausible que socavaría el potencial del nearshoring y la competitividad de Norteamérica frente a otros bloques económicos.




