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Los premios nobel…

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Con – o a pesar de – la estima y consideración que siempre hemos tenido por la opinión ajena, nos abocamos a captar y registrar el sentir de la gente – no podemos hablar de conocimiento, sentir en cambio, cualquiera puede -, con respecto a la entrega de los Premios Nobel.
Y con la consigna de: ” volad, volad sociológos, ¡ Realizad encuestas ! ” ( Veo un grupo de changuitos con alas que levantan el vuelo ), iniciamos una serie de entrevistas, sujetos a un riguroso y heterodoxo método periodístico.
La conclusiones generales son las siguientes.

El otorgamiento de los premios Nobel representa una fiesta para la humanidad. No solo para los especialistas y enterados que la siguen en sus pormenores, también para los que no entendemos ni remotamente los detalles y las circunstancias en que se desarrollaron los nuevos descubrimientos. Resulta una fiesta también por supuesto, aunque lo niegen tajantemente, para los que no tienen ningún interés de forma especial: me refiero a esos nihilistas recalcitrantes que no atienden razones y que también, como parte de la especie, en algún momento de sus vidas o de las de sus descendientes, requerirán de los avances y descubrimientos que hoy son premiados y que les resultan tan antipáticos e indiferentes.

El acto de conferir este premio reviste un particular interés para los especialistas y los entendidos en cada categoría; son ellos quienes en sus respectivos campos de estudio incorporarán esos avances a su horizonte conceptual y darán lugar a un nuevo escalón de ascenso cualitativo y cuantitativo en sus respectivas áreas de investigación. Para nosotros, espectadores pasivos, representa ¡ Al menos ! , un motivo de curiosidad.
Espectadores pasivos dije, y no solo respecto al Premio Nobel, también respecto de las carencias de lo más elemental en otras poblaciónes del mundo, de las muertes y la destrucción criminal en territorios lejanos, y de tantas otras cosas que nos limitamos a lamentar con buenos y nobles sentimientos frente a la pantalla plana, los líderes religiosos rezando y los más intrépidos adoptando actitudes más aguerridas y sacrificadas con uno que otro comentario ingenioso en redes sociales. Dicho esto solo de paso.

Cuando vemos publicaciones al respecto del Premio Nobel no entendemos en detalle como se logró tal o cual avance, ni los pormenores de los experimentos necesarios para conseguir los exitosos resultados, pero si, medianamente entendemos las implicaciones que en un futuro podrían tener en nuestra cotidianidad.
Una comprensión detallada será privilegio de los expertos en cada materia. El resto de la población nos adherimos, cual sanguijuelas, a la importancia de esos avances únicamente como ” humanidad “: un término que resulta cada vez menos inequívoco, con la ambigüedad debida en parte, precisamente a algunos avances premiados con anterioridad y que han dado lugar a la creación de partes robóticas colocadas en el cuerpo para suplir alguna falla o discapacidad. La lógica y el sentido común indican una alta probabilidad de que en un futuro ya no seamos seres completamente constituidos en el proceso evolutivo, sino cuerpos híbridos cada vez en mayor proporción, o quizá casi totalmente en siglos posteriores ( este ” casi ” tendría la connotación de buen deseo o de detalle esperanzador y optimista ). Por esta razón sería más acertado decir que nos sumamos a la fiesta de la entrega del premio en calidad de especie, la especie humana. Ir más allá derivaría en conjeturas de ciencia ficción, lo que no es hoy el objetivo que nos ocupa.

Hay disciplinas que nos parecen particularmente importantes, como es el caso del premio a la categoría de medicina; todo cuanto implique una mejora o conservación de la salud se tiene en gran estima. La salud es uno de los valores más apreciados por la población: ” de qué te sirve el amor y el dinero, dicen, si no cuentas con salud para disfrutarlos”, pretendiendo de forma implícita hacernos creer que los poseen en abundancia.

Respecto a los avances y descubrimientos premiado en física y química, la opinión generalizada que se deriva de nuestras encuestas, es que solo los instruidos en esas categorías comprenderán en toda su significación los avances logrados; con ” instruidos ” , nos referimos a los físicos y químicos mismos, ya que solo entre ellos se entienden.
Si la física descubrió alguna otra particula cuya última sílaba termina en ” trón ” o se le nombró algo así como ” partícula de Higgins o Johnson ” la noticia nos deja helados y de inmediato pasamos a otra cosa. Las naturalezas sensibles y los enfermos de metafísica no dejarán de reconocer lo misterioso y maravilloso que les resuta el universo; y hasta ahí, no más. La noticia del meteorólogo de que mañana se esperan fuertes lluvias nos causará una mayor impresión y nos obligará a tomar providencias y a ajustar nuestros planes. El mismo desairado recibimiento le espera al descubrimiento en química: excepción hecha quizá de aquellos propensos a la psicodelia.

Del premio de economía mejor ni hablar, refirieron nuestros encuestados; al igual que con la especulación del sistema financiero, son temas de los que una amplia parte de la población únicamente conoce lo básico, solo para no parecer mentalmente alienados en alguna reunión. Disciplina científica de una alta especialización y que, para el común de los mortales, debería reducirce a una cuestión de pesos y centavos.
Con la exclusión de los doctores en economía, de los sionistas jázaros y de los dueños de los grandes bancos mundiales ( o sea, de ellos mismos) solo un selecto grupo de jóvenes empresarios neófitos se interesarán en ese tema. Mientras el ama de casa común no alcance a surtir una despensa digna o ya por lo menos básica, siendo francos no creemos que le importen mucho los detalles de la estrategia de negociación ” ganar-ganar ” o de la inserción de alguna variable de índole macro, de la cual se esperan excelentes resultados, señalaron nuestros encuestados.

En la categoría de literatura ya se dispone de un público más concurrido y con la manifestación espontánea de sus más elevados y nobles sentimientos de justicia.
Su exitoso poder de convocatoria es consecuencia natural de las reiteradas y efectivas campañas de alfabetización; podemos sentir el orgullo de que las turbas ya sepan leer ( no ler ¡ leer ! ), y ésta simpatía que despierta el Nobel de literatura lo demuestra de forma irrefutable.
Se señala con índice de fuego el porqué a tal o cual escritor que ha publicado tanto y con tanta calidad, no se le ha concedido durante años el esperado premio; dicho escritor por años desairado, Pedro Ángel Palou, por ejemplo, sonríe apretando los dientes y declara por su parte – ante los medios -, su desinterés e indiferencia a esos premios y aclara que para él lo más importante son sus lectores y que para ellos vive. Nada dice de la importancia que para él tienen sus escasos ingresos por la venta de sus libros, entre ellos El gran impostor, o algo así. Deducimos de esto que para él resulta igual de intrascendente el aspecto económico, puesto que, antes que nada, se considera un artista y vive del arte y para el arte, las demás necesidades las considerará francamente prosáicas.
Los viejos lectores, pelo blanco y lentes rotos, añoran una sorpresa antes de rendir cuentas: que su autor preferido de editorial planeta sea el afortunado. Pero para el incremento de su ya muy nutrida cantidad de decepciones acumuladas a lo largo de sus lectoras vidas, el ganador resulta ser un tipo nacido en un país de reciente creación, desprendido, a su vez, de otro país desintegrado de la antigua URSS – y por si la desventura resultara poca cosa a los pobres y angustiados ancianos – el autor cultiva una escritura existencial-estoica y tiene un nombre impronunciable: mircyląziu diptrœtvsk.

En el caso del premio a los merecimientos por la Paz, contrariamente al de física, química y economía que nadie entiende y que por lo tanto a nadie le importan, éste concita duros y severos cuestionamientos sobre los merecimientos del ganador. El premio por la Paz es el que más violencias provoca.
Los expertos, que con acusada humildad ponen en su facebook ” estudió en la universidad de la vida “, sin gravedad afectada y sin la menor intención de pasar por personas informadas, presentan sus tesis y sus argumentos concluyentes de porqué sí, o porqué no, fue la decisión correcta. Estos interesantísimos puntos de vista que todos escuchan con suma atención, les permite abandonar su medianía anónima de forma efímera y brillar por un momento cual estrellas fugaces en el firmamento. Es la ocación propicia para que todo mundo se convierta en especialista temporal en política, geopolítica o derechos humanos.
El premio por la Paz resulta un desahogo magnífico para los asiduos a los cafés y bares, donde se desatan las más agudas e incisivas polémicas sobre el asunto del preciado premio, y que si no se lleva el asunto al terreno de los golpes, si se traen al menos a colación antiguos rencores mutuos o préstamos pendientes de pago e ignorados hasta ese momento con el mayor de los cinismos.
Como catarsis, cualquier buen psicólogo recomendaría el debate y hasta el recurso de usar improperios en voz alta y una gesticulación amenazante, que deje a los contendientes afónicos y bañados en sudor; pero que al salir del lugar ya más tranquilos y sin acaloramiento y con cierto sentimiento de culpa, digan: ” ¡ total a mi que me importa ¡ “.

Es sabido que en la antigua Roma eran común los espectáculos populares de lucha entre gladiadores o contra las fieras. Los antiguos romanos, prácticos como eran – de ello dan cuenta sus magníficas y duraderas construcciones – si hubiesen tenido televisión, satélites y redes sociales, seguramente las habrían usado para difundir estos espectáculos a los más lejanos rincones del imperio. Pan y circo era la consigna tácita.
En opinión de nuestros entrevistados, esos eventos programados cronológicamente para llevarse a cabo cada año, o cada cuatro años, o en cualquier otro lapso de tiempo ( recordaron las olimpiadas y el mundial de fútbol ) ¿ no tendrán la finalidad de ser usados – en parte, solo en parte – como una forma globalizada de aplicar la consigna política de la Roma antigua ?
Sin demeritar la importancia y las consecuencias de los avances en las disciplinas premiadas – que solo un recalcitrante obstinado podría objetar – y siendo prácticos, no se podría simplemente hacer una discreta y breve ceremonia para la entrega del Premio Nobel con su respectivo cheque adjunto, y ya. ¿ Cuál será el objetivo de la solemnidad y la grandiosa difusión del evento ? Informarnos, hacernos sentir orgullosos, animarnos, obtener ingresos, humillarnos, darnos fe, presumirnos, asustarnos, infravalorarnos, motivarnos. O quizá todo lo anterior.
China ya pone grandes anuncios espectaculares con imágenes de sus científicos más eminentes como ejemplos a seguir, esperemos que algo de esto haya como trasfondo en la solemne entrega de los Premios Nobel.

E. R.
10/2026

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