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La perspectiva de un trabajo decente en México.

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D. en P. José Oscar Frías Ortega

Ciento de jóvenes, no tan jóvenes y padres de familia tiene un empleo, pero tener un tener empleo no equivale a tener trabajo decente, esta situación es una de tantas paradojas importantes del mercado laboral mexicano consiste en que un desempleo abierto relativamente bajo coexiste con una elevada informalidad y con millones de personas que desean trabajar más horas. Es situación de la vida cotidiana debe dejar de tener una lectura simplista según la cual la creación de cualquier puesto de trabajo constituye, por sí misma, una señal suficiente de bienestar económico, cuando el problema no es solamente cuántas personas trabajan, sino bajo qué condiciones lo hacen, cuánto tiempo trabajan, qué ingresos obtienen, qué derechos poseen y qué posibilidades tienen de mejorar su trayectoria laboral.
Al día de hoy haciendo un análisis de los datos recientes confirman la magnitud del fenómeno. En el segundo trimestre de 2026, la ENOE reportó una tasa de informalidad laboral de 55.1% y una población ocupada en el sector informal de 18.16 millones de personas. Pero ese mismo análisis muestra una tasa de condiciones críticas de ocupación de 37.7%, indicador que incorpora jornadas insuficientes por razones de mercado, ingresos por debajo de ciertos umbrales y jornadas excesivamente prolongadas con remuneraciones bajas (INEGI, 2026). Estos datos muestran que la problemática laboral el desempleo no baja se mantiene.
Tenemos ante esto una descripción muy clara de lo que es el mercado laboral mexicano genera empleo, pero una parte muy importante de ese empleo continúa desarrollándose bajo condiciones de informalidad. Además, debemos de considerar la reducción de la subocupación entre finales de 2024 y finales de 2025 constituye un cambio favorable en términos estadísticos, pero no debe confundirse con la desaparición del problema. Los 4.1 millones de personas subocupadas registrados en ese trimestre revelan una demanda de trabajo que no encuentra correspondencia suficiente en las horas ofrecidas por las ocupaciones disponibles.
La política publica tiene un desafío consiste, entonces, en pasar de una política de cantidad a una política de calidad. Crear empleos es indispensable, pero la política laboral debe preguntarse qué clase de empleos se crean, qué capacidades productivas desarrollan, qué ingresos permiten y qué riesgos transfieren al trabajador y a su familia.
Asimismo, entender que la informalidad no debe analizarse aislada del modelo de desarrollo. Porque mientras una economía mantenga amplios segmentos de baja productividad y empresas pequeñas con limitada capacidad de inversión, la informalidad seguirá funcionando como mecanismo de absorción laboral. Tenemos que reducirla de manera sostenible y eso requiere transformar las condiciones que hacen que la informalidad sea, para muchos hogares y negocios, una estrategia económicamente racional en el corto plazo.
La principal crítica que surge del análisis es contra la reducción del problema a una cuestión de registro administrativo. La informalidad es también una expresión de desigualdad productiva, insuficiente protección social, heterogeneidad empresarial y limitadas oportunidades de movilidad. La subocupación, por su parte, demuestra que estar ocupado no necesariamente significa contar con una cantidad suficiente de trabajo remunerado.
Se debe entender que la estrategia de las políticas públicas de largo plazo es combinar formalización, productividad, protección social, capacitación, inspección, políticas territoriales y generación de empleos con jornadas suficientes. La formalidad debe ser una condición atractiva y viable, no únicamente una obligación sancionable.
Podre hacer un mamotreto que contenga un debate sobre informalidad y subocupación y estoy seguro de llenar cientos de páginas. de este debe pero considero más sano proponer realmente política públicas de tipo de mercado laboral que México tiene que construir: uno donde la ocupación sea considerada suficiente por el simple hecho de existir, o uno donde el trabajo se evalúe también por su capacidad para proporcionar ingresos dignos, seguridad, derechos y posibilidades de desarrollo y la segunda perspectiva es necesaria para comprender la dimensión real del problema que el empleo México viaja en los os cuatro jinetes del Apocalipsis en el mercado laboral mexicano son: la informalidad, la pobreza laboral, la subocupación y la población disponible para trabajar.
Así enfrentaremos la tercera generación o versión del tratado de libre comercio de Norte América, y asegurar que si bien el salario mínimo sufrió un incremento falta políticas publicas capaces de transformar una mejor realidad en los empleos de los mexicanos.

Nota metodológica.
Este artículo utiliza información secundaria y análisis documental. Las cifras laborales corresponden a publicaciones de la ENOE del INEGI disponibles hasta septiembre de 2026. Las cifras de distintos periodos no deben compararse como si fueran simultáneas: el segundo trimestre de 2026 se utiliza para dimensionar la informalidad más reciente disponible, mientras que el cuarto trimestre de 2025 se utiliza para documentar conjuntamente informalidad y subocupación.

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