La Ganadería de Canatlán: Entre la Tradición y el Reto de Modernizarse

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Canatlán en Flor
Tradición y Modernidad en su Campo
La Ganadería de Canatlán: Entre la Tradición y el Reto de Modernizarse.
Lic. Édgar Vargas Delgado.
Canatlán tiene una historia productiva que se remonta a la época colonial, cuando las primeras haciendas establecieron en este valle serrano una vocación agropecuaria que nunca ha abandonado al municipio. Por generaciones, sin embargo, fue la fruticultura la actividad económica principal. El manzano, el durazno y la pera definieron la identidad productiva de Canatlán, y era el fruticutor quien marcaba el ritmo económico de la región. En ese esquema, el ganado cumplía un papel secundario — era el complemento financiero del fruticutor, una especie de alcancía viva que respaldaba la economía familiar en los tiempos difíciles.
Ese equilibrio se fue transformando con el paso de los años. El cambio climático golpeó con fuerza a la fruticultura: heladas fuera de temporada, sequías prolongadas y temperaturas irregulares fueron mermando la rentabilidad de los huertos hasta convertir lo que era el motor económico del municipio en una actividad secundaria. Ante ese escenario, la ganadería fue ganando terreno y hoy ocupa el lugar principal en la economía de Canatlán.
Con ese protagonismo viene también una mayor responsabilidad. Y hay buenas noticias: la genética del ganado en Canatlán se encuentra hoy en un nivel muy bueno, resultado del esfuerzo sostenido de productores que han apostado por el mejoramiento de sus hatos. Esa ventaja hay que cuidarla y mantenerla — es uno de nuestros activos más valiosos.
Lo mismo ocurre con la trazabilidad. Canatlán cuenta con un buen nivel de seguimiento e identificación del ganado, lo que nos coloca en una posición favorable frente a los mercados. Pero no podemos bajar la guardia. La sanidad animal es un tema que exige responsabilidad permanente y compromiso de cada productor. El control de enfermedades como la brucelosis y la tuberculosis, así como el manejo riguroso del piojo y la garrapata, no son solo requisitos burocráticos — son la carta de presentación del ganadero de Canatlán ante el mercado nacional e internacional. Un hato sano es sinónimo de puertas abiertas al comercio, y también de un producto que el consumidor puede recibir con confianza.
En cuanto a la eficiencia productiva, el camino está claro: mantener muchos vientres con bajas tasas de parición ya no es rentable ni sostenible. La meta debe ser hacer más con menos — reducir el número de vientres y enfocarse en lograr una parición por vaca por año mediante un manejo técnico y reproductivo adecuado.
Los agostaderos también exigen atención urgente. La sobreexplotación de los pastizales ha deteriorado su capacidad de carga y su recuperación toma años. Un manejo rotacional y planificado no es un lujo — es una necesidad si queremos que las siguientes generaciones sigan teniendo campo donde trabajar.
Por otro lado, la ganadería estabulada representa una oportunidad real para Canatlán. Bien implementada, permite mayor control sobre la alimentación, la sanidad y los ciclos productivos, reduciendo la dependencia de las lluvias y los altibajos del agostadero.
El ganadero de Canatlán es trabajador y conocedor de su oficio. La genética está, la trazabilidad está, la tradición está. Solo falta dar el siguiente paso: tecnificarse, organizarse y asumir que el desarrollo del sector depende de nosotros mismos.

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