Hablemos de violencia digital
Las redes sociales han representado un medio de divulgación de todo tipo de información; en ellas podemos destacar muchos aspectos favorables. Sin embargo, también vemos crecer el lado oscuro y negativo de esta difusión cuando aparecen quienes se dedican a ejercer violencia digital.
El término hater se refiere a las personas que dedican gran parte de su tiempo a emitir comentarios negativos, insultos, críticas destructivas, ciberacoso, entre otros. Sin intención de intercambiar argumentos constructivos, por el contrario, su objetivo es causar daño. El hecho de que puedan esconderse tras el anonimato empeora la situación, pues lo que no dirían en una plática cara a cara, en estos espacios se puede hacer sin ningún tipo de consecuencia para el agresor. Además, cada “like” y cada contenido compartido refuerzan este comportamiento, con el objetivo de generar polémica, porque eso vende, eso posiciona.
El comportamiento del “hater” ha sido analizado desde la psicología de la personalidad. Un meta-análisis reciente publicado en la revista científica Psicothema examinó 24 estudios internacionales con una muestra acumulada de más de 14,000 participantes, demostrando que este comportamiento se asocia con rasgos de personalidad oscuros, especialmente el sadismo y la psicopatía. Esto sugiere que no se trata solo de una opinión crítica, sino de una tendencia hacia la provocación y el daño interpersonal.
Se habla de empatía, se pregonan valores, pero en la práctica se observa una limitante para el diálogo constructivo. A nivel local, esta cultura se ha popularizado hasta el punto de comenzar a normalizarse, especialmente en el panorama político. Así, se ha confundido la libertad de expresión con la libertad de agresión.
La violencia en redes tiene consecuencias, tanto a nivel individual como colectivo. Por ello, deberíamos replantearnos si estos son los valores que deseamos defender y reflexionar sobre las consecuencias de alentar la cultura del odio, los ataques sin sentido, la hostilidad y la humillación hacia los demás.
Reproducir el odio puede parecer entretenido en el corto plazo; no obstante, contribuye a normalizar una cultura que deshumaniza, polariza y limita el diálogo constructivo. Elegir no ser parte de esta dinámica implica ejercer responsabilidad, desarrollar empatía y reconocer que detrás de cada pantalla hay una persona real.
Buckels, E. E., Trapnell, P. D., & Paulhus, D. L. (2025). Relationship between online trolling and Dark Tetrad personality traits: A meta-analysis. Psicothema. Advance online publication.
