Hablemos de las infancias en 2026.

0
631

Hablemos de las infancias en 2026.
Maestra Nancy Parra Luna

Imaginemos tener cuatro, siete o quizá nueve años justo ahora, hoy, donde, si tenemos suerte, mamá y papá nos crían juntos; pero seguramente ambos trabajan gran parte del día, porque en la actualidad son necesarios dos ingresos para comprar el celular, el videojuego más reciente, pagar el internet y todo lo que terminará entreteniéndome mientras todos trabajan para darme una mejor calidad de vida, según dicen.
Si no tengo suerte, soy un hijo con padres separados que, de igual forma, han dejado la tarea de educarme y de pasar tiempo conmigo a las pantallas desde que tengo memoria. Mi madre eligió darme un celular para que dejara de llorar cuando mis manos comenzaban a sostener objetos; no es que yo tuviera habilidades extraordinarias para la tecnología desde los seis meses de edad: no me dejaron opción, fue su elección. Cuando yo quería que me mirara y me cantara una canción para sentir su amor, me dio una pequeña pantalla que fue tan atractiva que tanto ella como yo nos fuimos olvidando de mirarnos y tocarnos. Cuando necesitaba los brazos de papá para sentirme seguro en un mundo que apenas iba conociendo, él encendió el televisor y me puso ahí, atado sobre una silla de colores.
Voy creciendo acostumbrado a que me cuiden “ellos”. Mis ojos a veces se cansan, pero está bien: ya todos tenemos nuestro celular y, si necesitamos saber algo, él lo sabe todo. No nos necesitamos unos a otros. De hecho, no entiendo por qué me mandan a la escuela; ahí hay que escuchar al maestro, que solo habla y habla, y me pide que haga cosas que yo no quiero hacer. Ya le dije a mi mamá y, por supuesto, fue a hablar muy seriamente con él para que no me dañe emocionalmente con tanta exigencia. Escribir cinco renglones a diario me provoca estrés —bueno, eso dice ella—; yo, en realidad, no sé qué es eso, pero he visto en TikTok que es devastador.
Así que no: la escuela no es un buen lugar. ¿Para qué ir, si ya todo se lo puedo preguntar al celular? Es más, hasta hace mejor la tarea que yo.

Poner atención es lo más difícil, porque las clases están muy aburridas. Yo crecí viendo videos, escuchando música y jugando al mismo tiempo; ¿cómo creen que un maestro, solo hablando, va a llamar mi atención? No.
¿Respetar a los adultos? ¿Cuáles adultos? En mi casa no hay adultos; o quizá soy yo, porque todos hacen lo que yo digo. Siempre me complacen y, si no lo hacen, les armo un escándalo, como el que le armé el otro día al profe, y todavía no entiendo por qué no me obedece si yo siempre mando.
Además, estoy cansado de estar sentado toda la tarde. Jugando videojuegos, si la clase no es entretenida, mejor me levanto, corro en el salón e invito a los demás, porque soy un niño y necesito moverme; pero no sacrificaré mis tardes de videojuegos.
Por otro lado, si no juego en el celular, prefiero estar platicando con mis amigos, de aquí o de otros países. Ahí podemos decir lo que sea sin que nadie nos regañe, hacer memes de los compañeros y molestarlos, mandarnos toda clase de videos y usar todo tipo de lenguaje sin que ningún adulto lo sepa, especialmente mi mamá, porque, claro, ella cree que yo soy muy bueno. La verdad es que ni me conoce ni tiene idea de todo lo que yo sé y hago gracias al internet. Si se entera, lo negaré; aunque igual no hará nada, porque siente culpa de no pasar tiempo conmigo, así que me complace en todo lo que le pida.
En este contexto, ser un niño e ir a la escuela es enfrentar retos que no tienen que ver únicamente con adquirir conocimientos. La información está al alcance de todos, así que cobran importancia otras habilidades que se le han encomendado a la escuela ante las circunstancias sociales actuales. Ahora, en la escuela se aprende a convivir, a gestionar emociones, a trabajar en equipo, a formar hábitos y a seguir reglas sociales básicas: lo que los expertos llaman habilidades blandas.
¿Por qué son importantes? Bueno, hablaremos de eso en la próxima ocasión. Mientras tanto, imaginemos ser ese niño y reflexionemos sobre el costo de nuestras elecciones como padres en esta era donde el protagonista es la tecnología.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here