El T-MEC explicado para cualquier ciudadano
D. en P. José Oscar Frías Ortega
Una vez terminado el sueño mexicano del quinto partido, y antes de hablar de aranceles, reglas de origen o controversias comerciales, conviene hacer una pregunta sencilla: ¿el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) realmente mejora la vida de las personas comunes? Y la respuesta no es tan simple como suelen presentar los gobiernos. Mientras unos lo consideran el motor del crecimiento económico de Norteamérica, otros sostienen que sus beneficios han llegado de forma desigual. Pero para el ciudadano común, el tratado puede significar un empleo mejor pagado, pero también la pérdida de oportunidades cuando una empresa decide trasladar su producción a otro país.
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), vigente desde el 1 de julio de 2020, sustituyó al antiguo TLCAN de 1994 (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), que funcionó durante más de veinticinco años. Su objetivo principal es facilitar el comercio entre los tres países, eliminando la mayoría de los impuestos a las importaciones (aranceles) y estableciendo reglas comunes para la inversión, la industria, los servicios, el comercio digital y los derechos laborales. Asi en términos sencillos, el tratado permite que un automóvil fabricado en México pueda venderse en Estados Unidos o Canadá con menos costos, siempre que cumpla ciertas reglas. Lo mismo ocurre con productos agrícolas, electrónicos, dispositivos médicos y cientos de bienes que diariamente cruzan las fronteras. Pero un ciudadano común el tratado no se vive en las aduanas, sino en el bolsillo.
Así pues como es cuando el tratado sí beneficia al ciudadano. Pues cuando vas a las regiones donde Miles de empresas instalaron fábricas en México para aprovechar el acceso preferencial al mercado estadounidense. Esto ha generado millones de empleos, especialmente en estados como Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Guanajuato y Baja California y algunas en Durango.
Por lo que para muchas familias mexicanas, el T-MEC representa: mayor oferta de empleo industrial; acceso a productos importados a menores precios; mayor inversión extranjera; y crecimiento de sectores como el automotriz, aeroespacial y electrónico. Pero además que se ha impulsado el comercio agrícola. México exporta enormes cantidades de aguacate, tomate, berries, cerveza, tequila y carne hacia Estados Unidos y Canadá, beneficiando a numerosos productores.
Es decir, con un tratado no todos ganan, es donde debemos ver la que es la otra cara del tratado. Los beneficios no se distribuyen de manera uniforme. Mientras las grandes empresas exportadoras aumentan sus ganancias, miles de pequeños negocios enfrentan dificultades para competir con productos extranjeros. Así un pequeño productor agrícola difícilmente puede competir con empresas altamente mecanizadas de Estados Unidos. Lo mismo sucede con pequeños comerciantes que enfrentan mercancías importadas de bajo costo. Aquí no debemos de olvidar las tiendas, chinas, franquicias, firmas, etc.; pero más allá de ellas como competencia directa, no debemos dejar de ver a el mercado electrónico que ha sido el verdadero competidor de los comerciantes locales.
Por lo demás, muchas empresas llegan atraídas por la mano de obra relativamente barata en México. Aunque el T-MEC incorporó disposiciones para mejorar los derechos laborales y promover aumentos salariales, la diferencia entre los ingresos de un trabajador mexicano y uno estadounidense continúa siendo considerable. Es decir a pesar el esfuerzo hecho hoy, por el gobierno, este sigue estando lejos de los acuerdos del tratado de libre comercio, es decir los aumentos a el salario mínimo no fue un logro del gobierno actual, sino consecuencia del tratado de libre comercio que lo obligo hacer estos aumentos.
La pregunta es ¿Por qué las noticias hablan tanto del T-MEC? la temática está en noticias por una razón, que es cuando aparecen conflictos entre México y Estados Unidos por el maíz transgénico, la energía, el acero o la industria automotriz, en realidad se está discutiendo la interpretación del tratado. Y además existen otros atenuantes cuando algunos de los países consideran que otro incumple las reglas, puede solicitar consultas y, en caso necesario, un panel internacional que determine si existe una violación. Y estos conflictos pueden parecer raros y hasta un asunto lejano, estas decisiones pueden afectar inversiones, empleos, precios e incluso el tipo de cambio.
Aun cuando las noticias manejan al tratado de libre comercio el ciudadano común casi nunca participa. Uno de los principales problemas es que la población conoce muy poco sobre el T-MEC. y por otro lado a muchas personas, el tratado es un documento técnico reservado para economistas, abogados y funcionarios. Pero deberíamos de darle una importancia a este tema del tratado de libre comercio, ya que influye en aspectos cotidianos: como el empleo disponible; el precio de algunos alimentos; la llegada de nuevas empresas; la producción nacional; los salarios y las oportunidades para jóvenes profesionistas. Como una paradoja el tratado de libre comercio tiene un impacto en la vida de casi 500 millones de habitantes de Norteamérica rara vez forma parte del debate público.
Dicho lo anterior los nuevos retos del comercio mundial ya no depende únicamente de fábricas. Hoy también involucra inteligencia artificial, comercio electrónico, ciberseguridad, datos personales, energías limpias y cadenas globales de suministro. De esta manera el éxito futuro del T-MEC dependerá de la capacidad de los tres países para adaptarse a estos cambios sin perder competitividad. El mexicano y a México está por enfrentar un desafío adicional: aprovechar la relocalización de empresas (nearshoring) para generar empleos de mayor calidad, fortalecer a las pequeñas y medianas empresas y reducir la dependencia tecnológica del exterior.
Así explicado para un ciudadano común de México el T-MEC no es un tratado pensado únicamente para gobiernos o grandes corporaciones; esta nueva renegociación también se ve reflejada en la vida diaria de millones de ciudadanos. Cada empleo generado por una empresa exportadora, cada producto que llega a menor costo al supermercado y cada inversión extranjera tienen alguna relación con este acuerdo. Y para medir su éxito únicamente por el volumen de exportaciones sería insuficiente. Por lo tanto, un tratado comercial debe evaluarse también por su capacidad para mejorar el bienestar de las personas. Dicho de otra manera, si el crecimiento económico no se traduce en mejores salarios, mayor productividad, oportunidades para las pequeñas empresas y una reducción de las desigualdades, el ciudadano común difícilmente percibirá sus beneficios.
Para darle el verdadero valor del T-MEC este no radica en las cifras récord de comercio entre tres países, sino en su capacidad para ofrecer una mejor calidad de vida a quienes trabajan, producen, consumen y sostienen diariamente la economía de Norteamérica. Un tratado exitoso no es el que beneficia únicamente a las grandes industrias, sino aquel que logra que una familia mexicana vea reflejado ese crecimiento en su mesa, en su empleo y en sus oportunidades de futuro.



