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Diario de André Meunier

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NOTA INTRODUCTORIA

Este es el diario que recibí de parte de los amigos de André Meunier. Ya han transcurrido dos años desde su lamentable fallecimiento. Habían hecho imprimir unas cuantas decenas de ejemplares para regalo de sus alumnos, amigos y familiares. El diario está dividido en dos partes; la primera parte abarca desde su época de bachiller hasta su graduación universitaria; la segunda corresponde a los años sucesivos, hasta pocos meses antes de su muerte. El diario presenta lagunas en su cronología, esto debido al tiempo dedicado de forma absoluta por André a otras actividades y sobre las cuales él mismo nos relata en estas páginas.

El diario, entre las hojas del manuscrito original, contenía en una hoja aparte, una breve nota aclaratoria de André con fecha de noviembre de 1985 – unos años después de iniciado -, y que a continuación transcribo.

” En un principio me preocupó escribir un diario que no contuviera hechos extraordinarios o trascendentes. Mi vida era de una trivialidad absoluta. Sin embargo insistí, y después pude darme cuenta de que los diarios se escriben básicamente como formas de autoconocimiento. No creo que alguien escriba el suyo con la única pretensión de exhibir su propia vida, eso sería de una ordinariez excesiva, salvo que se tratara de alguna estrella famosa de Hollywood o de algún jeque árabe en su etapa de playboy juvenil. Al recorrer sus páginas después de algunos años transcurridos, incluso de algunos meses, pude tener la oportunidad de conocer con legitimidad y honradez intelectual si mis ideas habían cambiado o si había avanzado en mis conocimientos y puntos de vista, incluso si mi propia escritura había tenido modificaciones. Esta breve nota que ahora escribo tiene esa finalidad aclaratoria: en definitiva, hay cambios. Al empezarlo, hace ya seis años, mi deseo era escribirlo con originalidad, con mi propia voz, con mi propio tono, con un estilo definido. Después de iniciarlo eso perdió importancia; ” tenía una convicción absoluta y el estilo no es otra cosa que la convicción absoluta de tener un estilo ” ( R. Piglia). En algunas entradas decidí incluir pequeñas narraciones y breves ensayos que por razones de tiempo, en su momento, no he podido incluir. En estas páginas está el André que algunos conocen desde la infancia – y si no es así – es un buen inicio para conocernos. No sé cuál será el destino de este diario, pero el que fuera, ya no tiene la menor relevancia para mí; estoy convencido de que lo más probable es que ya ni me entere.

André B.
París, noviembre de 1985

DIARIO I ( 1979- 1987 )

15 de enero, 1979. Como envidio a los que tienen la paciencia necesaria para escribir un diario; poder guardar tantos recuerdos que podrán ser de interés en un futuro. Me he propuesto esta vez ser constante . Mañana bastante agitada en clases, hicimos nuestra presentación en equipo sobre la reproducción de las abejas, con gran complacencia de la maestra Gloria y el afán aniquilador de nuestro nada interesado público. Chaliápin, con su indiferencia de siempre, participó en el último tramo de la exposición y olvidó las conclusiones: Personaje raro ese Chaliápin, creo que sus lecturas lo han llevado por caminos equivocados. Alguien debería hacerse cargo a tiempo de ese tipo: su propia familia, el reformatorio o, en el último de los casos, la cárcel. En opinión del tal Chaliápin – de un agnosticismo intansigente – el conocimiento de lo trascendente es imposible para la mente humana y si se consiguiera, en nada cambiaría las cosas ¿ Quién puede pasar los días, incluso la vida entera con esa forma escéptica de ver las cosas ?

Tuve la visita de Norton, estaba preocupado por la relación con su nueva chica, le envió algunos libros pero no ha recibido respuesta de su parte, creo que en eso quedará todo.

17 de enero, 1979. La postura de Genaro sobre el conocimiento es que éste debe mostrar a Dios su creación y así contribuir al conocimiento de sí mismo. Esa es, dice, su convicción más profunda y el faro que le ha guíado y la fuerza que lo sostiene. Su mandamiento principal es iluminar con su consciencia diversas parcelas del conocimiento y presentarlas al Señor en ofrenda y sacrificio. La comprensión de una idea, de una frase leída o de un concepto – con la luz de la inteligencia – , aclara, estarían iluminando algo importante y valioso para el Señor. Su impresión es que todo mundo lo hace sin darse cuenta. Estoy de acuerdo.
Por la tarde pasé a visitar a Marcial ( Peluches ), emocionado por la compra – de sus padres, desde luego -, de un pequeño auto Renault: sabe muy bien que será el encargado de conducirlo. Me dijo que siempre que maneja en el tráfico se pone nervioso y le sudan las manos.

18 de enero, 1979. Sigo pensando que hay temas que por nuestra juventud se prestan a reflexión de forma inevitable: el amor, la religiosidad, la trascendencia, etc. Escucho con frecuencia a personas hablar con mucha familiaridad de Dios como creador del universo; por mi parte nada tengo que decir sobre ese Dios, salvo lo que puede opinar la ciencia: energía que con su explosión y continuo desplazamiento fue creando lo hasta ahora existente, incluidos desde una molécula hasta nuestra consciencia.

Del único Dios que puedo decir algo a título personal, es del que la gente llama El Señor. El Señor que podemos sentir cada uno de forma personal e íntima. El que se ha ido formando en el transcurso de eones y que agrupa y condensa de forma genética todas y cada una de las experiencias de los seres vivos que han existido. El que por esto mismo es omnisciente, omnipotente y omnipresente: como un solo Gran Hombre en cuyo ser se han reunido todas las vidas. De ello se deduce que el Señor mismo ha ido cambiando y transformándose con la eternidad. Una forma de conocer esas transformaciones es por el estudio del desarrollo de los mitos. El mito judeo-cristiano, el más cercano a nosotros, cuenta que Job sufrió de parte de Dios una prueba, injusta y no aceptada – cuestionada – ; Dios mismo en la realidad de los hombres debió sufrir una prueba – justa y aceptada- . Esa fue la respuesta a Job, cuando con el cuerpo lleno de llagas, sin cabello, sentado en ceniza y en medio del estercolero – clamaba y con humildad preguntaba – ” ¿ porqué a mí, en qué he faltado ?” Ese mito muestra el desarrollo moral que hubo de darse en el Señor; Él, en su omnisapiencia, supo que fue injusto y debió encarnar en hombre, sufrir y ser fijado a la cruz. Otra lectura que puede tener ese mito es la transformación del Dios de los ejércitos: de sanguinario, celoso y vengativo – en el Antiguo Testamento -, en el Dios del evangelio, que encarnó en forma humana, sufrió y murió por la humanidad, venció a la muerte y prometió la vida eterna.

19 de enero, 1979. Hoy, lectura de libros de C. Jung. Los había adquirido en FIL, algunos de ellos no había tenido tiempo de hojearlos. El profesor de filosofía- un amarguetas a quien por lo visto no le resulta nada grata su tarea-, insistió en que no olvidáramos ir.

Que importante es nuestra consciencia, he reflexionado mucho en estos dias sobre eso, a raíz de una explicación que dió la maestra en clase de biología. Recordé un sueño que el Dr. Carl Jung refiere en su autobiografía sobre la importancia de nuestra luz personal y su finalidad cósmica. El papel fundamental que desempeña nuestra consciencia, rodeada por el Inconsciente, como una pequeña isla en medio del inmenso mar. El Dr. Jung tuvo el siguiente sueño: iba caminando en medio de una tormenta con fuertes vientos y en el hueco de sus manos juntas sostenía una lucecita, y su principal preocupación en el sueño era que por ningún motivo esa pequeña luz fuera a apagarse. Con el tiempo comprendió que la pequeña luz representaba su consciencia y la tormenta y el fuerte viento – con sus inherentes peligros – representaba al inconsciente.
Excelente autobiografía, muy reveladora sobre aspectos de su personalidad que no son muy conocidos.
Una breve aclaración. Cuando escribimos consciencia con “s”, nos referimos al intelecto y sus funciones; cuando lo hacemos sin ” s “, nos referimos a la conciencia moral. Esta aparente confusión ha sido alentada y promovida por quienes todo quisieran remitirlo a la conciencia moral.

23 de enero, 1979. Estoy considerando las carreras a elegir, tengo dos opciones: psicología o ingeniería. La ingeniería me gusta porque creo que tengo cierta facilidad para lo abstracto de las matemáticas. Y la psicólogía me llama la atención por el mundo interno al que se dedica; además, creo que hay mucha gente que sufre problemas anímicos. Habrá que esperar y tener un convencimiento mayor; tengo mucho tiempo aún para decidirlo. Algunos compañeros ya tienen su desición tomada: Pierre quiere dedicarse a la ingeniería electrónica, su padre trabaja en la compañía de teléfonos. Amélie tiene la intención de ingresar a la facultad de medicina: es difícil, se necesitan las más altas calificaciones para ingresar ahí, pero es buena estudiante y creo que lo logrará.

3 de febrero, 1979. Tuvimos en la escuela la interesante visita del Dr. Eduard Han, de ascendencia china; nos dió una interesante charla sobre su actividad en el campo de la psiquiatría. Su introducción a la interesante ponencia – y que por razones de espacio incluiré en las siguientes entradas de este diario -, inició con las siguientes palabras: ” Comprendí a tiempo que el omnisciente, el que lo sabe todo, no sabe que lo sabe: es el niño cósmico. Con lecturas y estudios académicos formales de la psique humana, que realicé con un programa riguroso y sistemático y que se convirtieron con el tiempo en la base de mis más profundas convicciones filosófico-psicológicas, me he ocupado algunos años de mi vida. Además de los necesarios complementos que se me imponían con ineludible responsabilidad moral y que me llevaban a no descuidar el aspecto religioso, mitológico y de otras áreas de las humanidades”.

8 de febrero, 1979. En alguna parte de mi encuentro con los libros del Dr. Carl G. Jung, me he enterado que los indios pueblo del suroeste de estados unidos – y entre quienes convivió el Dr. algún tiempo – rezaban a diario para ayudar al sol a lograr su largo trayecto durante el día, sabían que sin esas oraciones el sol no saldria o no tendría la fuerza para mantener su trayecto. En alguna ocasión, alguien comentó que eso no era religión, solo una superstición o un simple mito. No encontré otra forma más sencilla y contundente para mostrar mi postura que preguntarle ” ¿ Y tu historia del Mesías nacido de una virgen por obra del Espíritu Santo, no lo es ? Y añadí: quita la curia romana con su pompa y excesos y derriba la Basílica de San Pedro, y en su lugar construye casas de adobe de varios pisos unidos con escaleras y te quedará solo el humilde mito, también: con la diferencia de que al sol lo podemos ver y podemos sentir su benéfico calor y nos da la vida aqui mismo, sin la promesa dudosa de que nos la dará en el más allá y eternamente “. Además, dije ” ¿ quién querría vivir para toda la eternidad ? ¿ para qué ?, pero les deseo suerte en sus ambiciones transmundanas “.

No me era desconocida la soledad y la humana necesidad del rito y la oración; al igual que Manuel Mendizábal, quien, ” aunque nunca creyó en el cura y sus promesas/ le hizo nueva la iglesia/ donde el pobre sueña el cielo/para que pueda el estanciero señorear sobre la tierra “. Prefiero la desaparición total y alsoluta a el eterno retorno Nietzscheano, un pensamiento ya existente en oriente y vivenciado como súbita revelación – frente a una gran bloque de piedra con forma de pirámide- por el filósofo, en uno de sus paseos a las orillas del lago Silvaplana, en Suiza: el regreso individual e infinito viviendo las mismas situaciones, emociones, pensamientos y sentimientos, una y otra vez, por toda la eternidad. Por esa razón se debe afirmar la vida y decir sí, siempre sí a los acontecimientos, fueran los que fueren. Es el ” amor fati “.

26 de febrero, 1979. El instante, ese tiempo inextenso donde todo ha ocurrido, ocurre y ocurrirá. El mismo instante donde se construyeron las pirámides de Egipto, donde hizo sus conquistas Alejandro y donde caminó Jesús con sus sandalias gastadas y sus pies manchados de tierra. Los escolásticos lo llamaban el eterno presente. Al tiempo lo representamos en nuestro pensamiento como una línea, generalmente horizontal, donde el lado izquierdo es el pasado, el lado derecho es el futuro y el presente, el centro. Esa famosa línea es solo una forma aceptada por consenso para explicarnos lo inexplicable y para darnos a entender; de ninguna manera es una verdad. Ni la misma línea imaginaria existe: si la trazamos en papel y la observamos con un microscopio, solo veríamos puntos de tinta dispersos.

E. R.
09/2026

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