Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano
Asombra la rapidez con la que perdemos la memoria histórica. Ayer, 28 de octubre de 2026, al difundirse la noticia de la muerte del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, leí en las redes sociales comentarios como «¿Quién fue?», «Platíquenme» y «¿Era futbolista?». No sé si obedecían a una broma, al antagonismo político o al desconocimiento. En cualquier caso, me llevaron a escribir estas líneas en este medio de comunicación regional que amablemente nos brinda Tony Rodríguez Ruiz.
No pretendo hacer una biografía exhaustiva ni sumarme a la costumbre de convertir a quienes fallecen en héroes, mártires o personas sin defectos. Quiero recordar algunas de sus acciones políticas y reconocer su aportación a la democracia, todavía imperfecta, que hoy vivimos en México.
Durante la hegemonía priista, el presidencialismo otorgó al mandatario en turno un poder decisivo para escoger al candidato de su partido y, en la práctica, a su sucesor. Era el llamado «dedazo». Dentro del PRI surgieron voces que cuestionaron ese procedimiento y exigieron democratizar las decisiones partidistas. Se agruparon en la Corriente Democrática, entre cuyos principales impulsores estuvieron Cuauhtémoc Cárdenas, exgobernador de Michoacán e hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río; Porfirio Muñoz Ledo, expresidente nacional del PRI; Ifigenia Martínez, economista y política, y Rodolfo González Guevara, diplomático y dirigente priista.
La exigencia de apertura no prosperó. La designación de Carlos Salinas de Gortari como candidato presidencial precipitó la ruptura de Cárdenas, Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez con el PRI.
De esa ruptura y de la convergencia con diversos partidos y organizaciones surgió el Frente Democrático Nacional, que respaldó la candidatura presidencial de Cárdenas en 1988. Fue una alianza heterogénea, en la que coincidieron fuerzas de izquierda, nacionalistas y antiguos aliados del propio régimen.
Aquí, en Canatlán, también tuvo adhesiones importantes. El expresidente municipal, Jaime Ruíz Cannán y varios actores políticos del PRI de aquel momento, se “abrieron” a favor del Frente Democrático Nacional y su candidato presidencial.
El desenlace de aquella contienda dejó una herida profunda en la vida política nacional. Salinas fue declarado ganador en un proceso marcado por graves irregularidades, la célebre «caída del sistema» y denuncias de fraude que cuestionaron la legitimidad del resultado. Para millones de ciudadanos, se trató de un fraude electoral; esa convicción marcó la lucha democrática de los años siguientes.
Conviene recordar que entonces no existía una autoridad electoral autónoma como la que se construiría después. La organización de los comicios estaba a cargo de la Comisión Federal Electoral, presidida por el secretario de Gobernación. La calificación de la elección presidencial correspondía a la Cámara de Diputados, erigida en Colegio Electoral. El régimen tenía, por tanto, una influencia determinante sobre el proceso y su resultado.
En 1989, una parte de las fuerzas que habían respaldado a Cárdenas, junto con otras organizaciones de izquierda, dio origen al Partido de la Revolución Democrática. El ingeniero fue su primer presidente y uno de sus principales fundadores.
Otro momento decisivo llegó en 1997. Hasta entonces, el gobierno de la capital estaba encabezado por el jefe del Departamento del Distrito Federal, designado por el presidente de la República. La reforma constitucional de 1996 abrió paso a la elección de la Jefatura de Gobierno mediante voto universal, libre, directo y secreto. Cuauhtémoc Cárdenas ganó esos primeros comicios y se convirtió en el primer jefe de Gobierno electo del Distrito Federal.
Después de la elección de 1988, Cárdenas encabezó protestas y movilizaciones en defensa del voto. Su decisión fue mantener esa lucha por la vía pacífica y encauzarla hacia la organización política y la competencia electoral. A mi juicio, esa apuesta constituye una de sus aportaciones más valiosas a la democratización del país.
En noviembre de 2014 renunció al PRD por profundas diferencias con su conducción y con las decisiones de su dirigencia. También expresó críticas al Movimiento de Regeneración Nacional, surgido con posterioridad al PRD. Su trayectoria permite reconocer a un político con convicciones propias, incluso cuando estas lo distanciaron de antiguos compañeros de lucha.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano merece un lugar en nuestra memoria pública. No hace falta atribuirle perfección para reconocer su contribución a la apertura democrática de México.
Un demócrata, sin duda. Descanse en paz.








