Autobiografía de Jaime Herrera Valenzuela, parte III

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A PROPÓSITO DE… (autobiografía) parte 2. Nuestra forma de vivir daba un giro de 80 grados, Alicia, Roberto, Jaime, Rosa y Andrés los huérfanos de pedrillo, así se referían los conocidos y los mismos familiares, mi madre con el apoyo del abuelo paterno nos sostuvo un breve tiempo en san pedro de Colima, frijoles tortillas y lo que se producía en esa parte: mi tierra, sin problema, todos ya estábamos en edad de entrar o inscribirnos en la escuela, Doña Angelita mi mamá decidió que nos fuéramos a vivir a Canatlan, así se hizo un día amanecimos en una casa por la calle de Abasolo de la cabecera municipal, a mi madre se le hacía más fácil poder trabajar en ese lugar que estar esperando el apoyo que sí era poco pero nos quitaba el hambre, el abuelo Pedro, como si fuera ahora una mañana de amanecida los cinco hermanos junto con doña Angelita, nos entró una fea tos ferina, así se llamaba a un principio seguramente de neumonía , el hacinamiento en que convivíamos era tal que cualquier malestar se contagiaba de inmediato, una tos intensa sufríamos los seis habitantes de esa casucha que nos fue prestada por un amigo de mi padre, Doctor, de dónde ? Primero existía uno (Dr. Mijares Rafael) particular; los servicios de salud en esos tiempos no los había,
Para nosotros pagar un doctor particular imposible, recuerdo inolvidable, el pobre viejo Don Pedro Herrera con la experiencia que da el vivir en el campo toda una vida, nos trajo una burra recién parida, mi madre la ordeñaba y a todos por la mañana y por la tarde un jarro de leche, esa fue nuestra medicina por unos 15 días y todos a acabamos aliviados de esa maldita tosferina, esa enfermedad, la fiebre escarlatina era común entre la gente del pueblo, , Doña Angelita( mi mamá) era buena costurera así que comenzó a trabajar en la casa haciendo desde remiendos a pantalones camisas y lo que se ofreciera, con algo de ahorro y por la necesidad de tener un espacio más grande nos mudamos a otra casa del mismo barrio, buscando apoyarnos con una santa mujer de nombre Doña Luz Diaz mama de mi amigo Manuel González ( el patol) y de quien después fuera mi
Madrina de primera comunión Doña Chayo y una viejita que dios la tenga en el cielo era la madre de ella ( doña cleofas) ellas aconsejaron a mi mamá que se fuera cerca de ellas y ayudarse mutuamente, doña luz tenía una tienda grande, conocía a mucha gente, así que fue fácil que pudiera recomendar a la costurera, para este tiempo mi edad de 6 años y meses la escuela me llamaba, el coronel Valenzuela hizo una solicitud al internado núm. 8 profa Juana Villalobos ( acababa de cambiar se llamaba escuela para hijos del ejército) un internado que gracias al Gral. Lázaro Cárdenas construyó dentro de un programa federal, que tenía como objetivo que ningún hijo de los hombres que anduvieron en la revolución se quedaran sin estudio, así que a la edad de seis años y mésese fui llevado y entregado a las autoridades del plantel, mis hermanos todos a la Esc. Gral. Lázaro Cárdenas, decía mi mamá que sólo nos puede sacar de la a pobreza el estudio, cuánta razón tenía,
A pero antes de trasladarme a esa gloriosa institución, algo que siempre me da gusto recordar; decía mi mamá antes de internarte tienes que hacer la primera comunión, de lo más sagrado, de lo más bello espiritual que me sentía la llegada de Jesús por medio de la sagrada eucaristía, con mi primer traje de vestir corbata y chaleco camisa blanca y zapatos nuevos fue a recibir a mi padre, después en esa casa tan grande donde vivíamos ( hoy vive ahí Adán Unzueta) invitados mis primos y vecinos obviamente mis hermanos mi abuelo paterno y como tres de las ocho hermanas de mi madre sin faltar desde luego la madrina Chayo, tomamos chocolate y muchas galletas de animalitos y betunadas, me despidieron; ese fue un domingo al siguiente día Domingo del año de 1954, el siguiente lunes, Ricardo un primo hermano que por alguna razón estaba con nosotros, me enseñó cómo abrocharme los zapatos-allá van a ser botas me dijo – y uno por uno de los agujeros de los zapatos varias veces repetimos hasta que el considero que ya había aprendido; una gran experiencia, eso y además ponerme cinto que me fajara el pantalón por primera vez me sentí un hombre grande, (siempre traje tirantes o pantalones pechera) de la mano de mi madre tempranito serían las 9 de la mañana cuando subimos al autobús el ranchero su chofer un gran viejo Carlitos nos dio la bienvenida, suban y siéntense nos dijo, medio lleno de pasajeros todos amablemente nos saludaron
Yo muy contento entraría a la escuela, nunca había pisado un plantel educativo ese tiempo no había guarderías ni kínder, existía un sistema que se le llamaba párvulo, solo los muy acomodados podían pagar este servicio educativo particular, en Canatlan no conocí ni nunca supe que existiera alguno-llegamos Durango derecho a el internado había una hora señalada para recibirnos;
Mi abuelo se quedó afuera solo
Mi Mamá entró conmigo, un frontispicio militar hecho de pura cantera rallada a la entrada decía: ESCUELA PARA HIJOS DEL EJERCITO un Pasillo empedrado dos jóvenes guardias vestidos como militares de color verde el uniforme, ¿nos hacen preguntas a dónde vienen ? el muchacho trae su documentación? Nos condujeron a la dirección, una señora bonachona después supe que se llamaba María Maldonado y a un lado el sub director el profesor Saldaña, un hombre de estatura grande moreno tipo sureño, muy disciplinado hablaba como si fuera general, el edificio se me hizo tremendamente grande me imaginaba que estaba en el castillo de Chapultepec, con una voz firme le mandó llamar a un señor Cirilo ( don Cirí) le da órdenes que me acomode de acuerdo y la disciplina dela escuela algunas preguntas que me hizo, cuantos años, lloras en la noche, te orinas, etc. Etc. después de pasar la revisión me dijo que yo me acomodaría en el dormitorio de los chicos, un espacio grande lleno de camas, cómodas unos baños como con 30 regaderas, me dijo de tu velis, esta será tu cama, y se fue, ahí no supe qué hacer don cecy se fue y ahí me dejó, me cambié y me puse el uniforme que de antemano me había entregado don cecy, con la cuartelera al revés salí del dormitorio, los chicos que ya estaban ahí se reían por la forma en que traía la cuartelera( al revés)llegó un compañero más grande y dándome sape me dijo como se ponía esa parte del uniforme, seguí caminando contemplando cuán grande era el edificio corredores inmensos con arcos y más arcos, de pronto a las dos de la tarde exactamente una corneta comenzó a tocar algunas órdenes, los chicos corrían a una fuente llena de agua, se lavaban las manos y se llenaban de agua la cabeza para peinarse y todos corriendo se formaban en uno de los corredores del lado poniente, don cecy me grito; -córrele a formarte – no sabía de qué se trataba, me puse por ahí en la fila y poco a poco me fueron haciendo hasta llegar al último de la columnas, todos me decían tu distancia, tu distancia algo que nunca había escuchado, pues el sargento comenzó a dar órdenes flanco izquierdo y yo ni cuenta nomas seguía lo que hacían los demás, pasó redoblado y sigo a la columna llegamos a un salón grandísimo con muchas mesas y todas para cupo de diez personas cinco para cada lado y el sargento en la cabecera a sentarse ordenó y todos obedeciendo con el hambre que traía luego luego me trate de servir y un compañero del lado con el cucharon me pegó fuerte en la muñeca derecha ( llore) es que es nuevo dijo uno- con el afán de ayudarme, asustado pero con mucha hambre comencé a paladear una exquisitas comida, sopa de fideo pa comenzar, picadillo verde frijoles, agua fresca y finalmente gelatina…. Con la mano adolorida por el golpe pero con la panza llena inicié mi primer día ( continuará)RELATOS DE MI VIDA.-parte 3 todos los alumnos y alumnas era mixto, vestíamos como militares hacía realmente poco acababa de cambiar de escuelas para hijos de ejército en un nuevo sistema educativo ( internados de educación primaria) dependiendo totalmente de la secretaría de educación federal, por año te entregaban tres pantalones y tres camisas lo mismo cuartelera y corbata, solo la ropa interior tú la traías de tu casa, teníamos una matrícula que con una pintura especial y usando una plantillas toda tu ropa las tenía marcada con una métrica , bueno, si no quería que estas se extraviaran, recuerdo la primera noche comencé a sentirme solo mis hermanos y mi mamá no estaban ahí entendí que estaba solo, busqué con alguien hacer compañía y recuerdo a un compañero de apellido Andrade, originario de san Miguel Allende de la región de nuevo ideal, ese muchacho me consolaba ya duermete – me decía- un hombre de cara de pocos amigos después supe se llamaba cesilio le decían ( don cecy) cogiaba de una pierna, con voz de mando gritando hora de dormir no quiero platicas de nadie, los que van a pasar al baño tienen 15 minutos para que lo hagan, sollozando en silencio me venció el sueño, a las 6,30 de la mañana del siguiente día un grito espectacular por su fuerza; era Don Cesi vamoooos aaarrriiivvvaa!! Y pasando por el corredor de las camas destapaba o sea levantaban las cobijas a los que aún estaban dormidos, yo de inmediato desperté no sabía bien donde me encordaba, solo me di cuenta que por el miedo, por la angustia de verme solo estaba mis cobijas y el colchón mojados, llegando el encargado y señalándome con el dedo gritaba – este es mion, este es mion o sea que todavía me orinaba; y de inmediato me indicaron que fuera a otro lugar otro lugar para dormir los siguientes días, un más pequeño habría camas para unos 40 o 50 alumnos, tenía en sus paredes dibujos donde encontrabas al rico Mac pato, el correcaminos, la pequeña Lulu, Tomy y jerry y muchos personajes de la época ( pero era el lugar de los miones) yo ya en ese tiempo no me pasaba eso, pero el cambio y el escenario donde me encontraba hicieron que ese accidente me pasara, dure como tres noches en el dormitorio de los miones ( así le llamaban) con argumento de que revisaron y ya no pasado nada regrese al dormitorio donde llegué por primera vez, el Lunes, después del desayuno a clases traía un cuaderno Polito y un lápiz, mi maestra una mujer muy bonita Anita Madrigal, la recuerdo con un enorme cariño, por primera vez encontré una palabra lleno de amor de cariño, nos explicó lo que era el internado, la necesidad de vernos como hermanos protegernos uno a otros, portarse bien para que no te reprendan de fea manera ( seguirá)

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