Breve repaso al recuerdo y génesis de una pasión.

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Eranos
Por Gerardo Enrique Ruiz Romero.

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.
Gabriel García Márquez

De nuestra infancia canatleca mucho se ha comentado en innumerables ocasiones y por diversos medios, la libertad y seguridad en que se vivía en aquellos años, el hecho de que podíamos jugar en la calle fútbol y otros juegos a cualquier hora, porque pasaba solo algún auto allá muy de vez en cuando y lo único que hacíamos era suspender el juego de forma breve. Y que por la noche nos reuníamos a platicar en grupo, sentados en alguna banqueta o en una esquina a la luz de un foco del alumbrado, Tanto que se podría platicar.

De momento, sin embargo, las particularidades y precisiones del aspecto meramente anecdótico lo dejo intacto en otros interesantes textos ya escritos por canatlencos, con más detalle y amplitud – comentarios, libros, etc-. Y, por supuesto, de los grandes narradores y conversadores, de nuestros guardianes de la tradición oral: en opinión de los entendidos otra forma de literatura. Sus conversaciones nos remontan al recuerdo de aquellos tiempos, 60s y 70s, en nuestro caso.

Como mero dato narrativo: a Dios gracias, en los 80’s no existía el smartphone, donde seguramente hubiera quedado evidencia gráfica de cuantas actitudes inapropiadas adoptáramos en algunos bailes, en nuestro antiguo y querido auditorio- hoy convertido en maquila, según me cuentan-, bajo el influjo incontrolable de alguna bebida, atrapados en las feroces garras del aborrecible vicio del alcohol. Bailar un rico mambo sobre una mesa ( tío Beto, dudo mucho que lo haga, pero si leyera estas líneas, discúlpeme, tenía que decirlo) o querer cantar con el grupo que amenizaba el evento. Los concurrentes al baile, viéndonos llegar como auténticos estropicios. Nosotros, parados con aplomo en el umbral de la puerta, afectando cierta ecuanimidad ficticia; sosteniendo los dispersos fragmentos de nuestra dignidad.. ¡ dispuestos a entrar !
Al divisar a la afortunada elegida como pareja de baile, nos lanzábamos a su encuentro con el ya conocido entusiasmo juvenil. La chica en cuestión, al vernos aproximar zigzagueantes de forma casi imperceptible, con la intención de llegar a ella, giraba la cabeza en sentido contrario con una frialdad y un desdén que nos infundían una especie de terror sagrado.. Presentíamos la catástrofe.
En una ocasión mi cuñado y amigo Raulillo, de feliz memoria, fue acometido por un ataque de pánico, que no pasó a mayores por la oportuna intervención de los elementos paramédicos. De otra forma, otra cosa se estaría contando; en otra ocasión se lió a golpes por defender el honor familiar. O la ocasión en que el joven Marco Antonio, principiante aún, no halló mejor cosa que hacer que tartamudear casi gritando: ¡ abrázame tres veces y bésame en las dos mejillas! O la vez que mi amigo Agustín, ya experimentado pero en estado totalmente inconveniente, sostuvo más o menos el siguiente diálogo: – Buenas noches, ¿Bailamos? – Noo gracias, ya anda muy tomado – ¡ La estoy invitando a bailar, no a tomar ! ( dejando con determinación su vaso rojo de plástico sobre la mesa y salpicando con ello un poco a los sorprendidos y azorados padres ) O el amigo Guillermo, a quien no dejaban entrar a un baile privado en el salón de la ganadera porque no fue invitado: -Joven, no puede pasar ¿ Fué invitado ? ¿ Le dijeron que viniera ? – mmm…¡ No ! Pero tampoco me dijeron que no viniera… En fin, desfiguros diría mi abuela doña Socorro.

El pasado no es como fué, sino como se recuerda – re ( de nuevo ), cordaris ( corazón )-: volver a pasar por el corazón.

Después de este breve excurso, imprescindible por otro lado, me avoco al objetivo inicial al momento de redactar estas líneas. El propósito esencial es rememorar la necesidad psicológica que teníamos algunos niños – en aquella época- de estimular y alimentar nuestra capacidad de imaginación y fantasía. ¿ Predisposición genética o estructura psicológica condicionada por un entorno y circunstancias específicas ? Lo más probable, una combinación de ambos, aunque no en todos los temperamentos en la misma proporción ni con la misma intensidad. En nuestro Canatlán de aquellos años, esa necesidad se solventaba con tres cosas básicamente: relatos de películas e historias por parte de amigos que las contaban de forma deliciosa, la lectura de cómics en el local del señor Chuy Villa, y el cine: MIR Colonial, Malibú, los existentes en ese momento, creo, si ya mi gastada memoria no me falla. Otra opción que recuerdo era comprar revistas sobre fútbol o pagar una suscripción a la revista Selecciónes del Reader’s Digest ( de esta revista, por cierto, me las ingenié y obtuve el financiamiento necesario de mi querido abuelo don Loreto ) Teníamos también acceso a una revista llamada Duda, que trataba de temas esotéricos, ciencia ficción y misterios sin resolver de toda índole, todo el contenido en dibujos, por cierto. El profesor Calleros en secundaria nos motivaba a leer esta última, con el argumento de que eso incentivaría nuestro débil cerebro a la recepción más efectiva de conocimientos, en especial los matemáticos y algebraicos, por supuesto. Vano esfuerzo. Estoy seguro que si el viejo y querido Maestro pudiese ver los infructuosos resultados de sus nobles afanes, se retorcería en su tumba. En mi caso y seguramente en el de muchos más, teníamos la opción de visitar el almacén La Mas Barata, del señor Ernesto Velázquez. En este lugar se destinaba un generoso espacio a la exhibición de revistas, novelas y libros de diversos temas. Espacio destinado actualmente a la exhibición de sombreros, ahí me compré el último 500X. Este fue el lugar preferido y frecuentado durante mi infancia y adolescencia, allí abrevé por vez primera de la fuente inagotable de las letras, predilección y forma de vida que tuve la dicha de cultivar – casi siempre-. Recuerdo un libro del que de forma muy especial guardo un entrañable recuerdo: Corazón: Diario de un niño, de E. de Amicis, mismo que leí y releí.

Hoy contamos con una excelente y bien provista biblioteca pública en Catatlán. Eso hubiera sido lo más parecido al paraíso para algunos de nosotros. Borges en su magnífico Poema de los Dones, refiere en alguno de sus versos: lento en mi sombra/ la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso/yo, que me figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca. Mario Vargas Llosa, por su parte, declara en Cartas a un joven novelista: La creación literaria es básicamente una rebeldía contra la realidad que nos tocó en suerte vivir, una rebeldía contra todos los aspectos negativos y desafortunados que encontramos en ella. Qué importante el no descuidar en nuestros niños y jóvenes la posibilidad del desarrollo de su imaginación.

Porque en el espíritu también se manifiesta la voluntad de vivir. En ocasiones, al final, el cuerpo ya cansado, enfermo, pide el eterno descanso; pero el deseado descanso no llega. El espíritu dice : ¡ No, yo aún no ! Mi inolvidable madre desde siempre lo supo, con la aguda intuición que da el haber nacido en un entorno sencillo y tranquilo – en aquel tiempo-. Un ambiente de campo, donde no hay demasiados estímulos externos y la atención psíquica se repliega al interior. Y con la sabiduría instintiva propia de los años y una santidad lograda en el servicio a los demás: la santidad humana, – no institucionalizada -… uno de los tres destinos posibles en la tierra, escribió F. Nietzsche. Ella voló feliz. Yo lo sé. Porque después de tantos años a mi lado, una parte de mí también se fué. Mi agradecimiento y recuerdo eterno para ella. Solo se puede morir feliz y fácilmente cuando se ha tenido un espíritu ávido, anhelante y satisfecho. Cuando se ha vivido.

E. R.
08/ 2026

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