Orquestas del recuerdo en Canatlán. ¡¡¡ Felicidades a los músicos y a las Cecilia este día!!!

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Orquestas del Canatlán del Recuerdo.
El Maestro Hilario Soto, sanjuanero y avencidado en Canatlán, fue un promotor de la música y de la sastrería, en el Canatlán de la década de los años 30, 40 y 50´s en Canatlán.

).- Hilario Orozco Rosas y sus orquestas en Canatlán.
Fundó la orquesta de Los “Calayos” y Hermanos Orozco.
Hilario Orozco Rosas fue el iniciador de una época musical en la vida del Canatlán de las primeras décadas del siglo XX, con las orquestas de Los Calayos, derivada de su apoyo “Calayo” y años después la aún recordada orquesta de Los Hermanos Orozco.
Hilario nació en la comunidad San Lucas de Ocampo, actual municipio de San Juan del Río, en el año 1887, pasando ahí sus primeros años y donde conoció a la joven Carmelita Ortiz Celis, con quien se casó
Desde su infancia, Hilario gustó de la música, la que aprendió de algunos familiares, quienes le enseñaron los primeros pasos en el mundo de las notas, partituras….y también el oficio de sastre, de donde había qué darle duro para sacar adelante a la familia, con sus tres primeros hijos Bernardo, quien murió muy chico, Hilario y Aarón.
La tranquilidad de la región empezó a borrarse, con la llegada de la revolución, pero fue hasta el año 1915 cuando “ el hambre llegó a los aparejos” con los villistas dominando acciones y tomando poblados y rancherías haciendo valer su ley, como aquella orden que dieron para que los vecinos de San Lucas desalojaran el lugar, saliendo de inmediato Hilario, acompañada de su esposa Carmelita, embarazada y de sus hijos Hilario y Aarón.
En medio de una situación difícil, acudieron a la vecina hacienda de La Sauceda, en la municipalidad de Canatlán, donde vivía un tío de Carmelita, de nombre Natividad Ortiz, quien los recibió en los momentos en que su sobrina estaba a punto de dar a luz, acelerada por las circunstancias difíciles que pasaban, dando luz en la sacristía de la capilla de la hacienda a un robusto varoncito que bautizaron con el nombre de Tomás.

Bajo el amparo de Don Natividad, Hilario y su familia vivieron un corto tiempo, hasta que decidieron trasladarse a la vecina población e Canatlán, donde la tía Máxima Ortiz les vendió una casa, a un costado del templo parroquial, donde la familia Orozco Ortiz inició una nueva etapa.
Acondicionando una de las habitaciones de la casa, Hilario instaló una pequeña sastrería, oficio que inculcó de manera intensa a sus hijos, al igual que la música, heredando su afición por ese bello arte, en donde Hilario se desempeñaba muy bien, sobre todo en la práctica del violín, el bajo y la trompeta, conocimientos heredados de sus mayores
Recordaba su hija Carmelita Orozco Ortiz, nacida en el pueblo Canatlán y fallecida hace pocos años, como don Hilario ponía a sus hijos a estudiar solfeo y con el paso del tiempo, la práctica se extendió a sobrinos y a nietos.

En la década de los 20 y 30’s, Hilario formó la orquesta conocida como “ Los Calayos”, donde tocaban Ramiro Chávez, Pablo Rosales, Jesús García, Manuel Martínez, “ Chito” Valenzuela, Rafael Lozano, Jesús Villa, Manuel Ponce, y José Martínez; también destacaban Salvador Villaseñor y el notable músico Eduardo Vargas, conocido cariñosamente como Lalito; Eduardo fue un virtuoso de la guitarra y el violín; aún sin contar con el sentido de la vista se le recuerda su afición a escribir a máquina.

Durante el día trabajaba junto con sus hijos, sobrinos y aprendices de sastres y por la tarde, todos a estudiar música, razón por la cual la gente se arremolinaba en la puerta a la calle y ventanas, para escuchar la música.
Junto con Pedro Minchaca, quien con el tiempo fue un brillante pianista, compositor y pedagogo, tocaba en el templo parroquial, herencia que tomaron sus hijos, siendo la última Carmelita.
Merced a su buen trato y espíritu de servicio, don Hilario llegó a ocupar la presidencia municipal de Canatlán en el año 1944, de manera interina.

Con la orquesta de los Hermanos Orozco, se le recuerda en diversos puntos de la región noroeste del Estado, en aquellos grandes bailes, en sitios como Los Herrera, municipio de Santiago Papasquiaro, en Nuevo Ideal y claro está, en Canatlán, donde también amenizaba en la plaza de armas, siendo también muy solicitado para llevar “gallo” y su sexteto de cuerdas también era buscado para amenizar las bodas.

Don Hilario falleció el año de 1963, a los 76 años de edad, antecediéndole en el viaje sin retorno su hijo Hilario, quien falleció en 1950.Tomás partió dos años después que su padre, en el año 1965, mientras que Aarón murió el día 8 de enero de 1997 y Carmelita dejó de existir el día once de abril del año 2014.

Tomado del libro ” Personajes, Relatos e Historias de Canatlán”, del autor Marco Antonio Rodríguez Ruiz

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