Mirada Sustantiva… Se acerca la semana santa.

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Mirada Sustantiva

Por Mario A. Saucedo

Se acerca la Semana Santa

Se aproxima la Semana Santa, y con ella también comienzan a surgir los planes familiares para salir de día de campo y visitar algunos de los parajes naturales que ofrece nuestro estado de Durango. En el caso de Santiago Papasquiaro, el municipio cuenta con una riqueza natural privilegiada, los majestuosos bosques de la Sierra Madre Occidental, la selva baja o selva seca característica de la región de las quebradas, el emblemático Río Santiago, así como espacios de descanso y recreación como las aguas termales de Hervideros, entre muchos más, hablando de aquellos que son públicos, ya que también el municipio cuenta con algunas opciones particulares como las cabañas de los ejidos de Nuevo San Diego y Altares. Se trata, sin duda, de un mosaico natural que ofrece a las familias de este municipio múltiples alternativas de esparcimiento, convivencia y relajación. No obstante, junto con esta riqueza surge una pregunta que resulta inevitable ¿en qué condiciones se encuentran estos espacios que deseamos visitar?

Basta recorrer el río Santiago para advertir una realidad preocupante, la presencia de basura en cantidades considerables. Bolsas de plástico, envases, latas y desechos diversos aparecen dispersos en áreas que deberían mantenerse limpias y conservadas. Este panorama refleja, lamentablemente, una cultura ambiental pobre en nuestra sociedad.

Ante esta situación resulta urgente hacer un llamado a la conciencia colectiva. La responsabilidad en el cuidado del medio ambiente no distingue edad, condición social, género, religión o ideología. Todos, sin excepción, compartimos el deber de preservar los espacios que nos pertenecen como comunidad. Sin embargo, es común observar una preocupante ligereza al arrojar basura en cualquier lugar. Existe un problema verdaderamente democrático, que no discrimina ni distingue contextos “el mal hábito de contaminar”.

La realidad es que como sociedad no hemos sido plenamente formados en una cultura ambiental sólida. No solo se trata de arrojar basura en espacios públicos, sino también del deterioro de la flora, el maltrato a la fauna o el uso irresponsable de los recursos naturales. Ante este escenario surge una interrogante inevitable ¿dónde radica esta débil formación ambiental? La respuesta no es sencilla. Algunos señalarán a las escuelas, otros a los gobiernos y algunos más a las familias. Pero más allá de buscar culpables, lo verdaderamente necesario es asumir una responsabilidad compartida. En México hablamos continuamente de distintos problemas, pero actuamos poco o nada para resolverlos.

Por ello resulta indispensable comenzar con acciones concretas, desde las más pequeñas hasta aquellas que deben implementarse desde las políticas públicas. Es cierto que en muchos casos los gobiernos incluyen en sus planes de desarrollo programas relacionados con el cuidado del medio ambiente, en ocasiones por requisito o por alineación a compromisos internacionales como los derivados de la Organización de las Naciones Unidas a través de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. No obstante, dichos compromisos deben traducirse en acciones reales y sostenidas en el tiempo.

También es justo reconocer que diversas instituciones, colectivos e incluso ciudadanos, de manera individual han impulsado acciones de limpieza, reforestación o concientización. Sin embargo, muchas de ellas no han generado el impacto esperado, se quedan en intentos aislados. Quizá ha faltado mayor creatividad, estrategias innovadoras o, sobre todo, un compromiso constante. Cuando se limpia un espacio público, en cuestión de días vuelve a encontrarse en las mismas condiciones o peor que como estaba, por otro lado, respecto a las campañas de reforestación, cuántos arboles sobreviven al paso del tiempo después de su plantación. Es común ver espacios con un letrero de “No tirar basura aquí” lleno de basura; somos entonces una sociedad sumamente compleja e irresponsable. Por ello es momento de apostar por estrategias distintas, capaces de formar una verdadera cultura de responsabilidad ambiental. Los gobiernos deben invertir no solo en infraestructura, sino también en educación ambiental y cultura sostenible, adaptadas a las necesidades del contexto local.

Retomando la pregunta inicial, cabe reflexionar ¿en qué condiciones se encuentran hoy nuestros espacios naturales en Santiago Papasquiaro y en el resto del estado de Durango? Y más aún: ¿cómo quedarán después de recibir a cientos de visitantes durante la Semana Santa? La respuesta, tristemente, puede anticiparse con cierta facilidad. Sin embargo, aún estamos a tiempo de cambiar esa predicción. Cada uno de nosotros puede contribuir desde su entorno inmediato, en la familia, con los hijos, con los amigos, en la comunidad. La pregunta final es inevitable y profundamente ética, ¿qué herencia ambiental vamos a dejar a las futuras generaciones?

Actuemos con conciencia. Seamos ejemplo dentro de nuestras familias y comunidades. Practiquemos una relación más respetuosa con la naturaleza, porque la realidad es simple y contundente, sin ella, nuestra propia existencia en este planeta sería imposible. La naturaleza siempre nos recibe con generosidad, lo mínimo que podemos hacer como sociedad es aprender a visitarla con respeto.

Porque toda sociedad que reflexiona, también aprende.

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