Los municipios, sus fiestas y la visión de Octavio Paz.
Quienes habitamos en la región centro norte y noroeste del Estado de Durango, atestiguamos o vivimos las celebraciones que a lo largo y ancho del año se llevan a cabo en ciudades, localidades, colonias, barrios, escuelas y demás, lo mismo por devoción religiosa que por celebración cívica o popular.

En el municipio de Rodeo, el alcalde Lalo Estrada encabeza la Feria Regional Agrícola y Ganadera 2025, que tuvo el éxito que desde hace años no se miraba, la cual terminará este domingo dos de noviembre, luego de cinco días donde hubo fiestas y celebraciones de todo tipo.
Pero también en el resto de los municipios aledaños, por ejemplo Canatlán, donde se compaginaron las celebraciones del COBA 29 con las festividades de día de muertos realizadas por el gobierno que preside Dora González, a una semana de haber concluido las del CECyTE 04 y a casi un mes de las del CBTA 28.

Ya estamos en noviembre y por lo tanto, llegaran las celebraciones de aniversario de la ciudad capital municipal, incluyendo la patronal de San Diego de Alcalá y días después, las del inicio de la Revolución Mexicana de 1910.
Bien lo escribió el bien recordado Octavio Paz en su ensayo El Laberinto de la Soledad. Donde retrató la identidad del mexicano.
“ El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a nuestra imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas. El arte de la fiesta, envilecido en casi todas partes, se conserva intacto entre nosotros. En pocos lugares del mundo se puede vivir un espectáculo parecido al de las grandes fiestas religiosas de México, con sus colores violentos, agrios y puros y sus danzas, ceremonias, fuegos de artificio, trajes insólitos y la inagotable cascada de sorpresas de los frutos, dulces y objetos que se venden esos días en plazas y mercados”. ( Octavio Paz)

Y así como en Rodeo y Canatlán, podeos hablar de San Juan del Río, Nuevo Ideal, Santiago Papasquiaro, Coneto de Comonfort y Tepehuanes, por mencionar algunos, con sus celebraciones populares en los meses de octubre, agosto, Julio, septiembre y julio, respectivamente, lo mismo con sus ferias que con las devociones al Señor del Santo Entierro, el Arcángel San Miguel o Santa Catalina, entre otros.

“ Nuestro calendario está poblado de fiestas. Ciertos días, lo mismo en los lugarejos más apartados que en las grandes ciudades, el país entero reza, grita, come, se emborracha y mata en honor de la Virgen de Guadalupe o del general Zaragoza. Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año. Durante los días que preceden y suceden al 12 de diciembre, el tiempo suspende su carrera, hace un alto y en lugar de empujarnos hacia un mañana siempre inalcanzable y mentiroso, nos ofrece un presente redondo y perfecto, de danza y juerga, de comunión y comilona con los más antiguo y secreto de México. El tiempo deja de ser sucesión y vuelve a ser lo que fue, y es, originariamente: un presente en donde pasado y futuro al fin se reconcilian”. (Octavio Paz).
Sea lo mismo si la fiesta la realiza la Iglesia, el gobierno, las colonias, los barrios y sus capillas, hay fiesta durante el año, no importa si hace frío, calor o viento fuerte, la fiesta continuará siempre.

“Pero no bastan las fiestas que ofrecen a todo el país la Iglesia y la república. La vida de cada ciudad y de cada pueblo está regida por un santo, al que se festeja con devoción y regularidad. Los barrios y los gremios tienen también sus fiestas anuales, sus ceremonias y sus ferias. Y, en fin, cada uno de nosotros —ateos, católicos o indiferentes— poseemos nuestro santo, al que cada año honramos. Son incalculables las fiestas que celebramos y los recursos y tiempo que gastamos en festejar”. (Octavio Paz).
Descanse en paz Carlos Manzo Rodríguez, un alcalde valiente.








