La imagen de la Guadalupana en el cerro de Canatlán, un proyecto de Fe.
Así pudiera definirse el deseo del comerciante canatlense Antonio Herrera Almodóvar en la búsqueda de lograr que la Virgen de Guadalupe tenga un espacio para su veneración en el cerro de Canatlán, al poniente de la calle Guerrero.
La fe (del latín fides) es la seguridad o confianza en una persona, cosa, deidad, opinión, doctrinas o enseñanzas relacionadas con una religión.[1] También[2] puede definirse como una creencia que no está sustentada en pruebas, y se manifiesta por encima de la necesidad de contar con evidencias que prueben su veracidad,[3][4] La fe puede también entenderse como la seguridad, producto en algún grado de una promesa.[5][6] Es también usada como una confianza o expectativa orientada al futuro —una esperanza— de que algo sucederá o será verdad; una creencia sostenida sin necesidad de evidencia empírica y desvinculada de doctrinas o creencias religiosas.[7], se anota en Wikipedia.

En ese sentido, Toño, como se le conoce, no solo plantea una idea, sino también le suma la aportación del sitio donde pueda cristalizarse y Él, junto con el pueblo católico canatlense, pueda acudir a dar gracias, como generalmente lo hace al viajar a la Basílica Guadalupana, en la ciudad de México.
Ya tuvo un encuentro con el párroco Martín Gómez Rodríguez, con quien volverá a reunirse, mencionando que no busca ni tiene interés político o económico, solo donar el espacio para que una organización católica, una institución, convoque y sume esfuerzos para cristalizar este proyecto y así exista en ciudad Canatlán un espacio para la devoción Guadalupana








