La historia franciscana en San Juan del Río, un legado que permanece.

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La historia franciscana en San Juan del Río, un legado que permanece.
Segunda y última parte
Marco A. Rodríguez Ruiz
Al referirse a la presencia franciscana en San Juan del Río, el reconocido historiador duranguense Atanasio G. Saravia, (1888 -1969) menciona que el convento tenía tres visitas, la primera en Palmitos, a seis leguas de San Juan del Río, la segunda era en Peñón Blanco y la tercera visita era a Coneto, donde sí había gente tepehuana. También atendía el convento de San Juan del Río a otros tantos lugares de españoles, de minas o de agricultura, a no largas distancias de San Juan del Río, registra la obra citada.
El explorador español Francisco de Ibarra (1539 -1562), fundador de la hoy ciudad de Durango, hizo de San Juan del Río su centro o base para diversas expediciones que realizó, incluyendo la que fundó la Villa de Guadiana.

Anota el autor que Francisco de Ibarra salió de Zacatecas el año 1554, a descubrir minas por orden de Juan de Tolosa y en esa primera expedición estuvo en el valle de San Juan, que es probablemente el lugar en el que está la ahora ciudad San Juan del Río, no lejos del mineral de Avino.
Se dice que allí los habitantes huyeron a las montañas, sin que los españoles consiguieran por medio de pacíficas exhortaciones hacerlos volver al lugar, continuando su marcha para dirigirse a las minas de San Lucas.
Se menciona al pueblo de San Juan del Río a principios del siglo XVII, lugar que en bastante tiempo había servido a Francisco de Ibarra como centro de operaciones. Se dice que había en él hasta 30 indios vecinos y españoles, que vivían del cultivo del trigo y de crianza de agnado, teniendo también muchas huertas tanto de frutales como de legumbres y hortalizas, existiendo en ese pueblo un convento de frailes franciscanos.

Al mediar el siglo XVI, San Juan del Río, uno de los primeros asientos de campo del conquistador, contaba con trescientos indios habitantes, viviendo ya con cierta civilización, cultivando sus labores de maíz, del que cogían bastante cantidad y teniendo ya construida una iglesia donde celebraban la misa los clérigos comarcanos, siendo por ello una de las poblaciones más antiguas del Estado de Durango.
La importancia que entonces tenía esta población se puede observar en el censo realizado el año de 1790, donde San Juan del Río aparece con 2, 236 españoles, 2, 789 indios, 1875 mestizos, 3, 992 color quebrado y 38 esclavos, mientras que en Guadiana o Durango la población era de 2, 374 españoles, 1, 875 indios, 483 mestizos, 4, 474 color quebrado y 26 esclavos. Prácticamente estaban a la par.
Existe información del convento de San Juan del Río en que se dice que cuando el alzamiento de los tepehuanos (1616), los indios habían disminuido mucho, pues el alzamiento hizo que muchos se ausentaran y otros fallecieran.
En la página 347 del tomo III, se hace referencia al Ilmo. Sr. D. Alonso de la Mora y Escobar, quien en la información que escribió sobre su Diócesis de Guadalajara, en los comienzos del siglo XVII, habla de San Juan del Río en los siguientes términos: Caminando hacia el oriente está a siete leguas un pueblo de indios que llaman de San Juan del Río, algo templado, de lindas aguas y tierras donde se dan perfectamente muchas frutas de Castilla, en particular las uvas blancas, tintas y moxcateles de que se hace muy buen vino y vinagre, aunque poca cantidad.

Hay en este pueblo hasta 30 indios vecinos y españoles trece o catorce que viven de heredades de trigo de riego que en la comarca tienen y de criar algunos ganados. Los más de ellos tienen huertas así de frutales como de mucha legumbres y hortalizas que se dan muy buenas, mayormente espárragos. La justicia de aquí es un alcalde mayor proveído por el Gobernador y la doctrina de toda esta gente de frailes franciscanos que tienen un monasterio en este pueblo y en él una de las mejores huertas de todo el reino. (Descripción geográfica de los Reynos de Galicia, Vizcaya y León), anota el historiador Saravia.

Se tuvo por buena elección el poner el referido convento en dicho lugar, en la ribera de un río caudaloso, (El San Juan), tanto para la buena enseñanza de la doctrina a los indios naturales, cuanto por mayor comodidad en los viajes de los religiosos a las Visitas, además de ser tierra fértil y cómoda para su cultivo, fue la observación que se hizo de aquel San Juan en el libro citado, tierra que sigue siendo generosa en este año 2025, de clima muy agradable y sus habitantes, personas con mucha calidez.
FIN

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