Este martes se cumplen 409 años de la guerra Tepehuana realizada en el hoy municipio de Canatlán.

spot_img

Este martes se cumplen 409 años de la guerra Tepehuana realizada en el hoy municipio de Canatlán.
Este martes 18 de noviembre se cumplirán 409 años de la guerra entre tribus originarias y españoles, registrada, de acuerdo a reconocidos historiadores, en el Valle de Cacaria, dentro del hoy municipio Canatlán.
De acuerdo a lo escrito en el Diccionario Geográfico, Histórico y Biográfico del Estado de Durango, del Ingeniero Pastor Rouaix, menciona a uno de los líderes tepehuanos u Oda´m a Francisco Gogoxita y lo describe como un Caudillo tepehuán.
Anota que “…Estos indios, que habían guardado con gran sigilo sus preparativos de rebeldía, habían fijado para que estallara ésta, de manera simultánea en toda la provincia tepehuana, el 21 de noviembre de 1616, pero la circunstancia casual de haber llegado a Santa Catarina de Tepehuanes una recua cargada de mercancías, hizo que las hostilidades se iniciasen en ese lugar cinco días antes, o sea el día 16, pues los indios asaltaron la recua para robarla y al mismo tiempo dieron muerte al padre jesuita Hernando de Tovar, quien en viaje de Culiacán, había dormido esa noche en Tepehuanes, y al continuar su marcha al día siguiente, fue asaltado y muerto en el camino.
Aun cuando esa anticipación en el rompimiento de las hostilidades favoreció más la defensa en otros puntos, que si la sublevación hubiese sido simultánea, no por ello dejaron de sentirse, como dijimos ya, grandes destrozos y desgracias…”
En Los Pinos. Lugar cercano a Canatlán y un poco al norte de el valle de Cacaria, donde se libró la batalla, se encontró el gobernador Gaspar de Alvear con el capitán don Sebastián de Oyarzabal y cuarenta y cuatro soldados

En el libro El miedo a los monstruos, indios ladinos y mestizos en la guerra de los Tepehuanes de 1616, se escribió que, el estallido de la rebelión, a mediados de noviembre de 1616, encontró a los españoles totalmente desprevenidos, lo cual amplificó substancialmente el efecto devastador de estos primeros ataques. De hecho, en unos pocos días, prácticamente todos los establecimientos coloniales desaparecieron: la región agrícola de los valles orientales de la sierra, entre el valle de Papasquiaro y el pueblo de Santa Catalina, las ricas estancias de ganado del centro del actual estado de Durango, desde San Juan del Río y Canatlán hasta los llanos de Guatimapé y Texame , y las regiones mineras y agrícolas del norte de la provincia comprendidas entre los reales de Indé y Guanaceví.
Todos los colonos que pudieron hacerlo dejaron sus casas y se refugiaron en los escasos lugares susceptibles de ofrecer una protección contra los ataques masivos de los rebeldes, con un éxito relativo. A finales de noviembre, varios centenares de personas se encontraban cercados en las iglesias de Guanaceví e Indé, en el pueblo de San Juan del Río y en la gran estancia de La Sauceda, incomunicadas, casi sin comida y sin las suficientes municiones para oponer una resistencia duradera. Menos suerte aun tuvieron los que buscaron refugio en los pueblos de misión de Santiago Papasquiaro y El Zape, en las estancia de Atotonilco, a dos leguas de Santiago, y en la de Diego de Peramato, a tres de Indé : fueron masacrados.
Sólo sobrevivieron unos pocos, que se arrastraron hasta Durango y La Sauceda, donde contaron lo que había pasado9. Su relato, junto con el de dos correos que habían logrado burlar los cercos de los rebeldes, fue como un jarro de agua fría para los habitantes de Durango, que veían como la tierra adentro se cerraba sobre ellos.
Es que, de la noche a la mañana, la Nueva Vizcaya había vuelto a ser tierra de guerra, pero sin que se contara con la preparación de los tiempos de la conquista militar, ni mucho menos : el mismo gobernador, Gaspar de Alvear y Salazar, se las vio negras para reunir a toda prisa una tropa que no pasaba de algunos hombres, y mal armados, porque el ocio de la paz abia puesto en olvido las armas10. Otro testigo afirma en el mismo sentido que […]acá no avia ya rastro de milicia, y todos bibían olgadamente11.
La primera reacción general fue, lógicamente, de terror : se estaba realizando en pocos días la pesadilla connatural de estas fronteras, el alzamiento general de la tierra, para emplear una expresión consagrada. Los núcleos de poblamiento coloniales, ya de por sí reducidos, estaban o destruidos o en una situación crítica, aislados en unas tierras sumamente hostiles. Además, dadas sus características, y su extraordinaria extensión, el alzamiento daba pie a que se denunciara el complot general que todos temían cada vez que se producía una rebelión de alguna importancia. Unos diez años antes, el obispo de la Nueva Galicia, al sacar conclusiones sobre la pacificación de los indios acaxées, a la que había participado, expresaba muy claramente este sentimiento recurrente :
[…]Dios nos libre de que los de Tepuztlán, por la parte de Chiametla, y los tepehuanes, por la parte de Guadiana, se hagan amigos de los acaxees, que en verdad que es menester nueva conquista para este rreyno…” Hasta aquí lo escrito en dicho ensayo.
Logotipo Recorriendo

Sublevación tepehuana

spot_img

Related articles

Comparte este artículo

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

últimas noticias