Oscar García García
Todo indica que empieza a caer uno de los privilegios más viejos de la política mexicana, por fin se pretende dar el primer paso para cumplir una promesa que durante muchos años se decía que era imposible y es empezar a eliminar a los plurinominales.
Para ser objetivos no es una revancha política y ni mucho menos un ataque a la democracia, más bien es poner orden.
El sistema de plurinominales si se creó con una buena intención para que las nimorias también tuvieran voz, que si votabas por alguien que no ganada, tu voto contara y estuvieras representado, originalmente esa era la idea, sin embargo, la realidad es otra y con el paso de los años, los partidos políticos secuestraron éste mecanismo, hoy en día los pluris no representan a nadie ni mucho menos a las minorías, representan cúpulas, líderes de partidos, compadrazgos y cuotas políticas que nadie votó por ellos porque no recorrieron calles, no dieron la cara, en pocas palabras no se empolvaron los zapatos, pero eso sí, se acomodaron en el congreso y la gran mayoría han usado esos cargos como refugio y protegidos por el fuero brincan de diputados a senadores y viceversa y en muchos de los casos no le rinden cuentas a nadie y hay que decirlo, se ha convertido en una oposición ficticia, porque sólo defiende intereses personales o de tres o cuatro personas.
Por eso la importancia de reducir y/o eliminar los plurinominales y acabar con el fuero ya que se reduciría el gasto si, pero lo más importante es que se rompería con esos vicios ancestrales. La democracia verdadera no necesita ningún atajo, necesita representantes con espíritu de servicio, con vocación, con capacidad, con respaldo popular y lo más importante, el castigo del voto, que quien no haga las cosas bien que no regrese y quien falle que se vaya.
Esto sería cerrarle el paso a los privilegios y abrirle la puerta a la gente, porque en una democracia real nadie debería llegar al poder sin el consentimiento de la sociedad.








